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Una de esas noches y no por París. Aunque digamos que si.

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Voy a poner en pie de guerra el sentimiento más profundo que tal vez haya sentido jamás. Entre las siluetas perdida de la gente, entre las sombras encontradas de nosotros mismos.  Entre humo y luces negras como en el final de nuestra propia película de terror protagonizada por el único suspiro de fuerza que somos capaces de ofrecer.  Y es gracioso, porque en cada suspiro tengo más ganas de coger la botella y olvidarme de tu nombre. Beber a la cuenta de tres y parar cuando ya no sepa contar.  Tal vez por lo que no lo haga es por algún estúpido motivo de buenos modales y algo que lleva la palabra perjudicial grabado a fuego, y el no querer asesinar mis neuronas en este licor suave confundido con el veneno de la gloria. Aunque veo más posibilidades al hecho de que cada vez que bebo solo quiero hablar contigo y saber de ti. Curioso. Justo igual que cuando no lo hago. Llevo tanto tiempo engañándome a mi misma, que no sería capaz de ver la realidad ni aunque estuviera tatua...

Y mirar con los ojos cerrados a cosas invisibles.

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Que alguien me explique como funciona esto de las casualidades, que yo no las entiendo bien. Por mirar al cielo descubrimos las estrellas, y por mirar al suelo tan solo descubrimos tierra. Tan simple como un puto movimiento de cabeza para cambiar la perspectiva y tal vez el pensamiento en cuestión de segundos.  O menos. Miras al cielo y lo ves enorme. Sabes que eres diminuto ante todo lo demás. Que los problemas terminarán perdiéndose al doblar por la próxima esquina y que la alegría y eso a lo que (ll)amamos felicidad está en cada paso que damos. Sin darnos cuenta. O tal vez haciéndolo.  Luego miras al suelo, y, joder, cuanta mierda ¿no?. Ves los pequeños bichitos tratando de sobrevivir y corriendo en todas las direcciones posibles para no terminar aplastados en el suelo por la suela de alguno de nosotros. Y es triste. Es en ese momento en que te das cuenta que al final y desde el principio todos tratamos de sobrevivir. Y de no quedarnos atrapados en nosotros mismos....

Caes de bruces contra el suelo para ponerte una tirita en el corazón.

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Recuerdo con nostalgia aquella época en la que nos tapábamos los ojos con asco al ver a alguien mayor besándose, seguido de un ''puag'' y la típica frase de ''Que asco, yo nunca voy a hacer eso.'' Recuerdo cuando tener novio era sólo para jugar a agarrarse de la mano y luego olvidarnos por completo y estar todo el rato con nuestros amigos.  Recuerdo aquellas competiciones en las que ganaba quién más novios tenía, y la frase de ''Pues yo tengo 5'' y como no, siempre se nos olvidaba el nombre de algunos al mencionarlos.  ''Cosas de niños'' decían los adultos. Ahora, los adultos somos nosotros. Los que nos perdemos entre los besos de verdad, los de película, con los ojos cerrados y no tapados con las manos. Somos los que andamos cogidos de la manos por miedo a perdernos, para sentirnos cerca  y no para que todo el patio de recreo se entere de que es tu novio.  Somos los que sentimos de verdad. Queremos. Perdemos. Sufrim...

Con prisas y sin ellas.

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Al final todo se resume  a dos segundos de menos con pensamientos de más, en el borde de mi cama.  Dejo la mente libre por un segundo y ya se ha ido, se chocan entre si las palabras que van demasiado rápido a un mismo lugar. con diferente propósito. Sin mi. Perdería el norte si trato de entenderlas todas,  si le busco un sentido,  perdido, en la multitud de mis pensamientos. Sin lógica, sin conexión. Que los pantalones cortos son más sexys... El tiempo no avanza... No sé que hacer con este pelo que me da calor... ¿Ves? Tengo mil números que marcar y pocos dedos. Tengo demasiados besos que darte y solo unos labios. El tiempo sigue congelado y yo sigo sentada en el borde de mi cama, sin miedo a caer, en el suelo, con miedo a caer, en palabras. En las que no digo,  en las que debería decir,  en las que pienso, en las prohibidas. O, en las que tienen que ver contigo. Empezamos con buena letra y terminamos escribiendo rápido co...

Pero tampoco me hagas mucho caso.

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No me sonrías, que tus labios son capaces  de eliminar cada cosa que forma mi mundo, para solo tener sentidos para ella. No me sonrías,  que si lo haces pierdo el norte, el sur, el este, el oeste, y aún así seguiría sin perder las ganas de mirarte. No me sonrías, te lo estoy pidiendo ahora como un favor, como mi recurso para mantener la cordura,  y no perderla en cada rincón de tus labios. Te lo pido  como quien pide no beber agua aún muerto de sed, así de incoherente e irracionalmente te lo pido. Y es que no recuerdo como ibas vestido aquel día, solo recuerdo que ibas sonriendo.  Que menos que caer rendida ante la casualidad más hermosa que he tenido el placer de observar. Ya ves,  me he vuelto la fan número uno de la sonrisa más hermosa, y no hablaré de tu mirada pues al describirla a ella cualquier palabra queda corta.  Lo mucho queda corto para ti. Y lo poco con un poco más si es ...

hablo del rincón de las almas perdidas.

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Creo que todo esto comienza por el miedo a lo desconocido. Pues todos hemos mirado alguna vez debajo de nuestra cama, esperando no encontrar nada, queriendo ver lo de siempre.  Y siempre el miedo al cambio nos hace mirar. Luego pensamos que los cobardes son aquellos que le temen a la oscuridad, aunque yo no lo llamaría miedo, sino más bien masoquismo. Pues se debe de vivir jodidamente bien sin tener que ver (encima con la luz encendida) en el desastre constante en el que vivimos.  En el que vivo.  Y es así como he llegado a querer ser el monstruo que esperas encontrarte debajo de la cama, el que esperas que no salga nunca del fondo del armario, para así no temer a ningún otro ser paranormal que es más normal de lo que nos da miedo admitir.  Hablo de resignación. De la realidad, y esas cosas. De la vida en sí, en su lado más absolutamente despreciable y aterrador.  Así que pienso que es más fácil vivir con la luz apagada y temiendo al malvado monstruo ...

Just stop for minuted and smile

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Que decir que no haya dicho ya, que ganas de caer en el olvido, de caer sin levantar, de caer, tan solo caer. Pero no tirarme, no por autodestrucción, sino para descansar de todo, cerrar los ojos y sentir mejor, dejar que todo pase rápido mientras lo siento lento, simplemente desconectar. Y es que va todos tan rápido que asfixia, agobiados, enfadados, amargados. No me gusta. Es tan fácil ser feliz, lo he dicho tantas veces. Que cansado ¿No? Jugando todos a ser fuertes, a ser felices, a resistes. ¿Contra qué? Esa es mi pregunta, no hay mucho más de lo que se ve, no queda mucho más que hacer, no hay laberinto tan grande... Ni lo habrá. Tan simple como pensado, no pensar, digo. Parar. Un rato, no es tan difícil. Y así sigues cayendo. Como una pluma, ya sabes, con calma y delicadeza, con cuidado, con ganas. Entonces, disfrutar, simplemente eso, que la felicidad ya vendrá sola, ya conoce el camino, y no se va a perder. Prometido.

Si, ¿no?

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Malditas bocas que saben a gloria,  hablo de esas,  que besas un día, y luego las tienes que olvidar. Hablo de la mayor droga que conocemos, de la mejor que existe,  de la más cara que hay. Que no hablo de dinero, ignorantes,  hablo de deseo y ganas, fuego, hablo de quemarte y volver a renacer. Y es que no solo el Fenix,  es capaz de revivir de las cenizas,  que hay aves que vuelan más alto, y mejor. Malditas miradas adictivas,  de esas que sacan sonrojos,  lanzadas de unos ojos de color indefinido, depende del día,  depende de la intensidad, de las ganas. De esas miradas que borran otra cosa, que deslizan, desde los ojos, hasta la boca. Baja como cual lágrima, pero de alegría,  de la buena,  de la mejor. Y los muerdes. Los labios, digo. En ese momento sabes que quieres besarlos,  besarlos bien,  como nunca antes lo has hecho. Es ahí cuando descubre que le quieres,  que va m...