Ya no bebo más, lo juro.
Siempre he pensando que enamorarse y emborracharse es prácticamente lo mismo. Me refiero al comienzo con esa fe enorme e inquebrantable de decirte a ti mismo ''Está bien, esta vez controlo'' y de pronto estás hasta el cuello. Después viene el reírse por cualquier cosa y el sentirse, como no, la persona más feliz del mundo. Gritas a los cuatro vientos como te sientes, y tienes esa maravillosa sensación de que puedes con cualquier cosa en cualquier momento. Luego viene la parte de hacer locuras, de volverte tonto. Y de tontería en tontería llega ese momento inevitable de tremendo bajón, y lloras, y de pronto ya nada es tan bonito, y de pronto ya no controlas nada porque todo comienza a controlarte a ti. Así es como después de la dura resaca te prometes a ti mismo eso que todos alguna vez hemos dicho de ''Ya no vuelvo a beber más, lo juro''. Y así hasta la próxima copa, y así, hasta ...