Echar de menos no sirve para nada. Yo me limito a no hacerlo.
Me tenías perdida en las mil palabras de mi memoria que no recordaría ni a tiros. Tanta memoria, tanta memoria, y al final lo último que recuerdo es que demonios desayuné esta mañana. Un poco de cordura, por favor, este mundo de locos está plagado de gente que tan solo finge estarlo para así entender un poco más allá de la razón, que es más divertido. Sin piedras ni palos para construir un refugio de supervivencia y mil palabras a pie de cañón para defender tal vez una idea que tan solo yo entiendo. En mi cuerda locura personalizada. Escribí tres versos y medio en un trozo de servilleta que perdí luego a saber donde. A saber por qué. Es curioso, recuerdo que escribí, pero ninguna de las palabras, tampoco el significado, y menos aún un por qué con un mínimo de sentido. Tal vez por liberar un poco del revuelo que tengo montado en algún lugar de mi subconsciente, donde se decide en que momento jugármela ...