Y así caemos entre nubes para rebotar en nuevos sueños.
Te paras y me preguntas por qué te quiero, y yo, ignorando la gran lista de motivos por los que no debería de hacerlo, sonrío, porque los motivos por los que si lo hago, siempre serán más. Me parece un masoquismo innecesario estar sin ti pudiendo estar contigo. Y así pensar en cada motivo, con sentido, o sin el, pero al final en favor de ti, y de mi sonrisa. Espera entonces a que recoja este pequeño desastre, entre pensamientos y palabras desordenadas en el último cajón de abajo, junto a todo aquello que cuesta un poco más encontrar. Ya sabes, tú. Por eso mismo te lo diré sin utilizar las palabras, o utilizándolas, pero de un modo diferente, cariño. Ya si eso hablaremos después de esos versos de buenas noches. De los besos de buenos días. Y de los polvos a cualquier hora. Maldita poesía que me enamora en cada palabra. En cada silencio. En cada mirada perdida me tienes, me dejas de tener, y m...