Que hermoso eres cuando llueve.
Decidí escribirte en esta noche rota, para reconstruir aquel pedacito de sonidos que formaban tu respiración entrecortada. Ente melodías de verano que nos acompañan hasta la última copa en casa, más cerca del éxtasis final. Caí en la primera mirada en la primera farola de la avenida aún no me he vuelto a levantar y te digo que se te ve muy bien desde aquí. Esperé durante dos segundos para que llegaras. Ahí estabas tú; buscándome. Ahí estaba yo; dejándome encontrar. Me han leído mis derechos y me perteneces esta resaca también. Llámame loca, pero que bien te describe toda ella. Mi locura digo. Que bien se portó el destino y que poco me engaña tu perfume. Conozco tu olor mejor que nadie, el tuyo, ese que no venden en ningún frasco pero que ojalá. Tal vez sonrío por eso de que sabía que no quedaba mucho más, ni muchos menos de lo otro. Sabía también, que no llegaría entre charcos secos, de todo lo que s...