Entiendo que no me entiendas, porque ni yo entiendo lo que debería de entender.
Ahora es cuando recuerdo el por qué me refugiaba continuamente en la poesía. Por qué un par de versos a ratos y a rotos eran mi lugar favorito del mundo donde podía perderme cada vez que necesitaba encontrarme. El por qué de un par de versos y de vasos de más cuando no habían besos ni abrazos ni todo aquello que sabía que en el fondo colorearían todo aquello que quedó sin color derrumbando castillos y anhelos sueños y algún que otro misterio que por un interrogante de más y no de menos quedó sin descubrir. Me siento, a veces, tan vacía, que llenaría tantos sueños a bostezo y destrozos, que no sabría ni si quiera por donde debería comenzar. Tengo tantos puños bañados en sangre y en ganas perdidas escapadas por la ventana aún cerrada que no sería capaz de reunirlos a todos ni queriendo ni poniendo todas las cartas sobre la mesa boca arriba, o boca a boca. Y es que verás, un día descubres que tenías tanto que era imposi...