La distracción que aparece en cada palabra escrita de más.
Resulta que entre las viejas historias encontré un riconcito donde poder dormir durante toda la noche siguiente. Quien sabe, tal vez con un poco de suerte me levante rodeada de todos y cada uno de los besos que no te di por miedo a perder un poco de algo que ya no me pertenecía. Resulta que aprendí que las nubes también lloran al escuchar tu nombre, se estremecen un poco en mi honor y estallan con cada suspiro de propina que te dedico. Una nota más abajo del último cajón de la derecha lleva escrito tu nombre a bolígrafo tu número de teléfono. Que no te voy a llamar, pero por si acaso. Aprendí a escribir con bolígrafos aún consciente de que los errores no podían ser borrados. Jamás he vuelto a escribir en lápiz desde entonces. Y es que en cada sensación de alivio al ver que te alejas sobreentienden las ganas que tengo de que te marches tan solo por el placer de verte llegar. Quién lo ...