Si, ¿no?
Malditas bocas que saben a gloria, hablo de esas, que besas un día, y luego las tienes que olvidar. Hablo de la mayor droga que conocemos, de la mejor que existe, de la más cara que hay. Que no hablo de dinero, ignorantes, hablo de deseo y ganas, fuego, hablo de quemarte y volver a renacer. Y es que no solo el Fenix, es capaz de revivir de las cenizas, que hay aves que vuelan más alto, y mejor. Malditas miradas adictivas, de esas que sacan sonrojos, lanzadas de unos ojos de color indefinido, depende del día, depende de la intensidad, de las ganas. De esas miradas que borran otra cosa, que deslizan, desde los ojos, hasta la boca. Baja como cual lágrima, pero de alegría, de la buena, de la mejor. Y los muerdes. Los labios, digo. En ese momento sabes que quieres besarlos, besarlos bien, como nunca antes lo has hecho. Es ahí cuando descubre que le quieres, que va m...