No es lo mismo hablar de sueños, que hablar con sueño.
Te voy a escribir como nunca nadie te ha escrito. Como en tus peores pesadillas llenas de mi ausencia. Como en tus mejores sueños caminando conmigo de la mano. Andamos con el peso de quien lleva algo a rastras, a ratos, dejando un rastro, y olvidando el resto. Como culpables que gritan inocencia. Como inocentes, que piensan en pecar. Que bien suena mi nombre entre tus labios. Entre tus manos acogido como cual vagabundo. Entre tu pelo, como cual deseo insoportable, de acariciar un poco más. Dibujados de arriba abajo en una hoja rota, desgastada por el peso del tiempo o por el peso, tal vez. A trozos enteros, y a trazos, perdidos. Del triste dolor al bello consuelo de un instante en el que dibujo sin querer, tu nombre, en cualquier sitio. ''Y sólo los suenos pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.'' Decía Escandar, y que bien lo sabe. Pregúntame a mi, que no te paro de soñar y no ...