No pido que lo entiendas.
Hace tanto que no escribo, que ya casi no recuerdo cómo hacerlo. Mi mente sigue llena de rotos, destrozos, a ratos camas vacías, y la sensación constante de que me quedo con las ganas de algo aunque no sé de qué, ni tampoco si me importa lo más mínimo. Llevo tiempo en el bolsillo, y cero ganas de echarlo a perder. Siempre sentí que corría tras mentes vacías, escudos que escondían personas, personas que se creían escudos, y yo nunca fui una bala capaz de atravesarlos. A mí me rompieron muchas veces, y me quedé sin saber dónde esconderme. Jugar al escondite era más divertido cuando no tenías que esconderte de ti mismo. Sigo viendo montañas de cajas vacías, palabras que duelen, y miradas que duelen el doble. Una vez prometí que no me iría, y ahora ya ni recuerdo dónde tenía que haberme quedado. Estoy tan lejos que por mucho que mire abajo lo único que veo es que n...