Y resultó que eras tú, otra vez.
Y llevaba puesta esa sonrisa suya, esa que ha tenido siempre y esa mirada de ojos azules perdidos tímidos vergonzosos buscando una salida en algún lugar del suelo huyendo así de momentos incómodos totalmente diferentes a los que hace no mucho tiempo nos formaron poco a poco entre beso y beso y sonrisa y sonrisa. Verás; siempre te recordaré esperándome en el coche con la puerta abierta en la calle de arriba y con esa mirada azul perdida en mi calle de abajo. No lo recordaba tan difícil. Y eso que te sonreí sin saber bien quien eras.