Una de esas noches y no por París. Aunque digamos que si.
Voy a poner en pie de guerra el sentimiento más profundo que tal vez haya sentido jamás. Entre las siluetas perdida de la gente, entre las sombras encontradas de nosotros mismos.
Entre humo y luces negras como en el final de nuestra propia película de terror protagonizada por el único suspiro de fuerza que somos capaces de ofrecer.
Y es gracioso, porque en cada suspiro tengo más ganas de coger la botella y olvidarme de tu nombre. Beber a la cuenta de tres y parar cuando ya no sepa contar.
Tal vez por lo que no lo haga es por algún estúpido motivo de buenos modales y algo que lleva la palabra perjudicial grabado a fuego, y el no querer asesinar mis neuronas en este licor suave confundido con el veneno de la gloria. Aunque veo más posibilidades al hecho de que cada vez que bebo solo quiero hablar contigo y saber de ti. Curioso. Justo igual que cuando no lo hago.
Llevo tanto tiempo engañándome a mi misma, que no sería capaz de ver la realidad ni aunque estuviera tatuada con las espinas de una rosa en mi piel. Tampoco la vería si no soy capaz de fijarme durante diez segundos a un punto fijo sin imaginar tu rostro en cada rincón de la vida misma.
De las mismas ganas que tengo de comenzar con la parte en la que nos reunimos en algún lugar floreciente y hermoso y que pase la parte en la que yo te echo de menos y tú no estás. En la que yo juego a buscarte y tú tan solo te escondes. No sé de qué, pues no recuerdo que te dijera que estábamos jugando.
Dicen, que gana aquel que logra hacerse mejor el desinteresado. No se engañen, si no te busca, no le importas, pues todo el mundo tiene quince segundos para dar señales de vida. Tan simple como un mensaje. De texto, que son más rápidos, pues de humo llevaría un poco más de tiempo.
Yo tengo el tiempo, y no lo hago por el cansancio de estos dedos de escribir y no obtener respuesta alguna.
Como quien habla con nadie. Como a quien nadie le escucha.
Es así como transcurre en el tiempo entre lo poco común y lo de toda la vida sin saber que hacer en las mismas condiciones de siempre.
Distinto váter, la misma mierda y aún sin saber como hay que sentarse correctamente. No sé si me explico cuando digo que entre nosotros sobra espacio de más y besos de menos. Si entre cada sombra sigo buscando la tuya, con disimulo, si entre cada mirada te veo a ti, con tristeza, si a cada sonrisa mía la produce porque tú sonríes, por amor.
Quién sabe, si mis noches en vela llevan escrito tu nombre y tu culpa.
Si por una noche, perdí mil más.
Si por una noche, encontré mis besos. Contigo.
Entre humo y luces negras como en el final de nuestra propia película de terror protagonizada por el único suspiro de fuerza que somos capaces de ofrecer.
Y es gracioso, porque en cada suspiro tengo más ganas de coger la botella y olvidarme de tu nombre. Beber a la cuenta de tres y parar cuando ya no sepa contar.
Tal vez por lo que no lo haga es por algún estúpido motivo de buenos modales y algo que lleva la palabra perjudicial grabado a fuego, y el no querer asesinar mis neuronas en este licor suave confundido con el veneno de la gloria. Aunque veo más posibilidades al hecho de que cada vez que bebo solo quiero hablar contigo y saber de ti. Curioso. Justo igual que cuando no lo hago.
Llevo tanto tiempo engañándome a mi misma, que no sería capaz de ver la realidad ni aunque estuviera tatuada con las espinas de una rosa en mi piel. Tampoco la vería si no soy capaz de fijarme durante diez segundos a un punto fijo sin imaginar tu rostro en cada rincón de la vida misma.
De las mismas ganas que tengo de comenzar con la parte en la que nos reunimos en algún lugar floreciente y hermoso y que pase la parte en la que yo te echo de menos y tú no estás. En la que yo juego a buscarte y tú tan solo te escondes. No sé de qué, pues no recuerdo que te dijera que estábamos jugando.
Dicen, que gana aquel que logra hacerse mejor el desinteresado. No se engañen, si no te busca, no le importas, pues todo el mundo tiene quince segundos para dar señales de vida. Tan simple como un mensaje. De texto, que son más rápidos, pues de humo llevaría un poco más de tiempo.
Yo tengo el tiempo, y no lo hago por el cansancio de estos dedos de escribir y no obtener respuesta alguna.
Como quien habla con nadie. Como a quien nadie le escucha.
Es así como transcurre en el tiempo entre lo poco común y lo de toda la vida sin saber que hacer en las mismas condiciones de siempre.
Distinto váter, la misma mierda y aún sin saber como hay que sentarse correctamente. No sé si me explico cuando digo que entre nosotros sobra espacio de más y besos de menos. Si entre cada sombra sigo buscando la tuya, con disimulo, si entre cada mirada te veo a ti, con tristeza, si a cada sonrisa mía la produce porque tú sonríes, por amor.
Quién sabe, si mis noches en vela llevan escrito tu nombre y tu culpa.
Si por una noche, perdí mil más.
Si por una noche, encontré mis besos. Contigo.
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario