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Mostrando entradas de 2020

Tengo.

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Siempre fui de escribir historias que contaban secretos de noches vacías, de miradas al suelo,  de silencios que decían más que las palabras.  Nunca aprendí a quedarme callada, hasta que un día no tuve nada más que decir, en serio,  mirándome a los ojos me vas a entender  muchísimo mejor que si trato de decirte lo que siento.  Nunca tuve tanto miedo de perder como de perderme.  Luego tuve miedo de perderte a ti.  Aún no sé como terminé por perder el miedo, pero es con lo que más he ganado.  Pensé en un millón de lugares a los que ir, pero entonces ya me daba igual dónde, si eres tú.  Eres mi lugar favorito.  Y los sueños los gritos bajito para que sólo tú los escuches y así se hagan realidad.  Antes escribía sobre lo que quería encontrar,  y ahora escribo por haberte encontrado.  El caso es,  que no tengo nada seguro, pero tampoco me asusta. No tengo alas, pero gracias por hacerme volar.  No...

Con quién.

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Sentir más, escuchar menos. Escucharse, es decir.  Porque aquí estamos gritando bajo las trincheras,  asustados por la posible guerra,  huyendo antes del naufragio,  y corriendo en dirección contraria, del único lugar en el que quieres pasar la próxima noche. Y la otra,  y la otra,  y todas las demás.  No puedes hacer nada,  ahora solo puedes quedarte,  y cierras las ventanas porque así se disfruta más de esa intimidad,  complicidad,  peleas de carcajadas a beso o suerte,  y de pronto se convierte en la única lucha que quieres ganar. Ganaste más cuando perdiste el miedo,  porque ser valiente también es sentir. Mucho, tanto, bien.  Tan fuerte que asusta, tan bonito que no te quieres marchar.  Dejas de pensar y sale solo,  impulsos que te llevan justo donde querías ir,  cuando ni si quiera lo sabías.  Cuando aún no lo habías reconocido.  Pero ahí esta,  con esa so...

2020 y yo sigo hablando de amor.

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"Hay amaneceres en los que quedarse para siempre" pensaba nostálgica mirando por la ventana.  "Pero al final te lo aprenderías de memoria. Querrás cerrar los ojos y seguirías viendo la misma imagen en tu cabeza. Te cansarás de ver siempre los mismos colores, y al final desearás que termine, para disfrutar de un nuevo día, y luego ver el atardecer."  Se dio cuenta de que se había perdido en sus pensamientos, así que volvió a poner los pies en la tierra, levantó la cabeza, miró al frente, y lo vio tomando su taza de café, como cada mañana antes de ir a trabajar. Lo mira cada día, como se sirve la taza de café, le da un mordisco a una tostada con mantequilla, y le da un beso en la frente antes de salir de la cocina.  Así cada día, cada mañana, desde hace tanto tiempo, que ya perdió la cuenta.  Entonces sonrió.  Y lo entendió.  Joder, claro que hay amaneceres en los que quedarse para siempre, y personas en las que también.  Y no te cansas,...