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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Microcuento.

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Amé mis cicatrices.  Eran las únicas pruebas, de que lo nuestro fue real.

Esto es lo que pasa cuando pones el aleatorio.

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En un mundo de cínicos donde no existen los corazones rotos, sigue siendo verano y dormir acompañado sólo es sinónimo de pasar calor. Se me da demasiado bien sentirme cómoda estando sola, y siempre he sido de arreglar yo misma mis pequeños desastres aunque lleven escrita tu culpa. Nos acostumbramos al pasar sin mirar y de puntillas sobre todos aquellos errores que después nos harían sacar lo peor de nosotros mismos. Yo, que siempre he sido de escribirte muy bajito en lugar de mirarte a la cara, comencé a dejar de perseguir tus errores para así justificar la forma en la que me siento cada vez que te veo pasar por ahí. Tú, que siempre tratas de arreglar las mentiras con la carta de que te quiero y no lo digo, sólo te sientas a esperar a que yo dé un paso al frente para firmar mi propia carta de renuncia del único lugar al que he pertenecido alguna vez.  Dejamos que el orgullo pasara por nosotros con todo el ruido que hace mi culpa cada vez que me señalas y sé que sigues pensando...

Partida de solitario.

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Sin líos, y sin comerse la cabeza... Aquí no gana quien más siente, sino quien antes deja de sentir. Y esto, claro está, en el hipotético caso de que pueda haber un ganador,  que perder, perdemos todos,  sin privilegios,  y sin poder ganar a base de trampas. El premio no es la felicidad.. para eso, no hay que ganar nada.  Digamos que se trata todo de la eternidad,  de como no hay nada eterno, y de como le puedes preguntar a la muerte aunque no te conteste, aunque no te escuche, y simplemente te sientas solo. Al final, es la soledad lo único que permanece, de lo que no nos libramos. Creeme,  es por lo que perdemos todos,  y por lo que algunos,  muy pocos, no pierden. Tampoco ganan nada, y solo niegan todo.  Sólo les queda afirmar que la soledad no les afecta, que así todo es mejor. Sin conflictos con otros peones, y no importa si juegas mal, pues tan solo es una partida del solitario.  No te gana nadie,...

Te dedico un verso. Pero sólo uno.

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No era perfecto, era mágico. Y eso casi  casi, era sinónimo de perfección.