Ya no queda nada más.
Podría escribirte a pedazos, todo lo que olvidaste por aquí. Podría decirte que todo esto me queda ya muy pequeño, y suponer por esa sonrisa irónica que ya lo sabías, que sabías que te lo iba a decir, y que tan solo estabas esperando el momento. No sé que extraña fuerza me lleva a extrañar, pero quiero que deje de hacerlo. Llevo perdida tantos versos, que aún no sé como soy capaz de escribir tan solo uno. De decir: 'Ey, aquí estoy, y escúchame bien, porque tengo algo que decirte, y puede que todavía te interese' A golpes aprendí que no hace falta herida para poder sangrar. Y que haya herida, no implica sangre. Yo ya no sangro. Escribo. Aunque creo que sigue significando lo mismo. A menudo me pregunto qué piensas, si pensarás en mí, y de ser así, que no sea de la misma forma en que lo hago yo. Pasé demasiado tiempo en pausa, y de pronto, todo tenía sentido. No sé como quiero que...