No quiero dejar de leerte, ni dejar de ver tu pelo de medio lado, que tan bien te queda, sólo a ti, Ni esa barba de más de tres días, ni esa sonrisa tímida que baila mil vals diferentes en cada una de mis ruinas, por muchas que éstas sean, y por mucho caos que seas tú. Que nos hemos impuesto como una rutina de colores claros de viernes por la mañana, aunque siempre, fuimos, de miércoles por la noche. Y mira que nos quedan mil y un cuentos por terminar de leer, poemas por recitar o por escribir, aunque cariño, en tu caso, sólo tengo que mirarte a los ojos para ello. Y perdona por este ataque de celos contante de quererte para mi sola, pero es que eres tan lindo convertido en poesía, que me da miedo que todo el mundo se enamore de ti, y luego quieran escribirte. Ese es mi trabajo. Ese es mi premio. Y el mirarte de reojo cuándo estás lejos, y el acariciar tus defectos ha...