He oído que es posible madurar, pero nunca he conocido a nadie que lo haya hecho. Sin padres a los que desafiar, rompemos las reglas que nos hemos impuesto, cogemos berrinches cuando las cosas no son como queremos, susurramos secretos a nuestros mejores amigos en la oscuridad, buscamos consuelo donde nos lo den, albergamos esperanzas contra toda lógica, contra toda experiencia… como los niños, que no abandonan sus anhelos.