Tengo.
Siempre fui de escribir historias que contaban secretos de noches vacías, de miradas al suelo, de silencios que decían más que las palabras. Nunca aprendí a quedarme callada, hasta que un día no tuve nada más que decir, en serio, mirándome a los ojos me vas a entender muchísimo mejor que si trato de decirte lo que siento. Nunca tuve tanto miedo de perder como de perderme. Luego tuve miedo de perderte a ti. Aún no sé como terminé por perder el miedo, pero es con lo que más he ganado. Pensé en un millón de lugares a los que ir, pero entonces ya me daba igual dónde, si eres tú. Eres mi lugar favorito. Y los sueños los gritos bajito para que sólo tú los escuches y así se hagan realidad. Antes escribía sobre lo que quería encontrar, y ahora escribo por haberte encontrado. El caso es, que no tengo nada seguro, pero tampoco me asusta. No tengo alas, pero gracias por hacerme volar. No...