Si, ¿no?

Malditas bocas que saben a gloria, 
hablo de esas, 
que besas un día,
y luego las tienes que olvidar.

Hablo de la mayor droga que conocemos,
de la mejor que existe, 
de la más cara que hay.

Que no hablo de dinero,
ignorantes, 
hablo de deseo y ganas,
fuego,
hablo de quemarte y volver a renacer.

Y es que no solo el Fenix, 
es capaz de revivir de las cenizas, 
que hay aves que vuelan más alto,
y mejor.

Malditas miradas adictivas, 
de esas que sacan sonrojos, 
lanzadas de unos ojos de color indefinido,
depende del día, 
depende de la intensidad,
de las ganas.

De esas miradas que borran otra cosa,
que deslizan,
desde los ojos,
hasta la boca.

Baja como cual lágrima,
pero de alegría, 
de la buena, 
de la mejor.

Y los muerdes.
Los labios, digo.
En ese momento sabes que quieres besarlos, 
besarlos bien, 
como nunca antes lo has hecho.

Es ahí cuando descubre que le quieres, 
que va más allá,
y no solo un poco, 
pues poco es al principio,
ya estás por la mitad y llegando al final...
Maldito final.

Inesperado por supuesto, 
quien pensaría algo así.
Despedirte de todo.
''Adiós y que te vaya bien'', 
como si no importara nada.
Total, llegará alguien nuevo.

Aunque volvemos a lo mismo, 
como no.
Si me hablan de placeres volveré a pensar en ti.
Otra vez, 
y otra, 
y luego otra más.
No te lo diré, pero lo haré.

Por eso odio esas bocas,
(hablo solo de una)
porque luego las echas de menos,
mucho.
Y es que es simple,
de saber  que ese era nuestro último beso,
aún te estaría besando. 

Que lo sepas.



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