Con prisas y sin ellas.
Al final todo se resume
a dos segundos de menos
con pensamientos de más,
en el borde de mi cama.
Dejo la mente libre por un segundo y ya se ha ido,
se chocan entre si las palabras que van demasiado rápido a un mismo lugar.
con diferente propósito.
Sin mi.
Perdería el norte si trato de entenderlas todas,
si le busco un sentido,
perdido,
en la multitud de mis pensamientos.
Sin lógica,
sin conexión.
Que los pantalones cortos son más sexys...
El tiempo no avanza...
No sé que hacer con este pelo que me da calor...
¿Ves?
Tengo mil números que marcar
y pocos dedos.
Tengo demasiados besos que darte
y solo unos labios.
El tiempo sigue congelado
y yo sigo sentada en el borde de mi cama,
sin miedo a caer,
en el suelo,
con miedo a caer,
en palabras.
En las que no digo,
en las que debería decir,
en las que pienso,
en las prohibidas.
O, en las que tienen que ver contigo.
Empezamos con buena letra y terminamos escribiendo rápido con la típica letra de medico que nadie entiende muy bien,
como si tuviéramos un tiempo límite para escribir.
Así que aquí estoy,
con pantalones cortos,
mirando el reloj,
y dudando entre si hacerme o no una coleta.
Que tendrá todo eso que ver,
dirán.
Mucho.
Diré.
Pues aquí estoy,
sentada en el borde de mi cama,
con la cabeza entre mis manos
y mis pensamientos en cualquier lugar ilógico,
enlazando ideas sin sentido.
Para no pensar.
En ti.
Para no perderme en tu mundo.
Para no perderme contigo,
sin ti.
Simplemente para no perderme.
¿Ahora?
Ya entiendo el por qué al comienzo la letra es tan perfecta.
El por qué, al final es casi ilegible.
Para que no se me escapen las ideas.
Para poder ser capaz de escribir pensando en ti,
sin mencionarte.
Sin admitirlo,
en pantalones cortos, observando el reloj y con el pelo suelto.
a dos segundos de menos
con pensamientos de más,
en el borde de mi cama.
Dejo la mente libre por un segundo y ya se ha ido,
se chocan entre si las palabras que van demasiado rápido a un mismo lugar.
con diferente propósito.
Sin mi.
Perdería el norte si trato de entenderlas todas,
si le busco un sentido,
perdido,
en la multitud de mis pensamientos.
Sin lógica,
sin conexión.
Que los pantalones cortos son más sexys...
El tiempo no avanza...
No sé que hacer con este pelo que me da calor...
¿Ves?
Tengo mil números que marcar
y pocos dedos.
Tengo demasiados besos que darte
y solo unos labios.
El tiempo sigue congelado
y yo sigo sentada en el borde de mi cama,
sin miedo a caer,
en el suelo,
con miedo a caer,
en palabras.
En las que no digo,
en las que debería decir,
en las que pienso,
en las prohibidas.
O, en las que tienen que ver contigo.
Empezamos con buena letra y terminamos escribiendo rápido con la típica letra de medico que nadie entiende muy bien,
como si tuviéramos un tiempo límite para escribir.
Así que aquí estoy,
con pantalones cortos,
mirando el reloj,
y dudando entre si hacerme o no una coleta.
Que tendrá todo eso que ver,
dirán.
Mucho.
Diré.
Pues aquí estoy,
sentada en el borde de mi cama,
con la cabeza entre mis manos
y mis pensamientos en cualquier lugar ilógico,
enlazando ideas sin sentido.
Para no pensar.
En ti.
Para no perderme en tu mundo.
Para no perderme contigo,
sin ti.
Simplemente para no perderme.
¿Ahora?
Ya entiendo el por qué al comienzo la letra es tan perfecta.
El por qué, al final es casi ilegible.
Para que no se me escapen las ideas.
Para poder ser capaz de escribir pensando en ti,
sin mencionarte.
Sin admitirlo,
en pantalones cortos, observando el reloj y con el pelo suelto.
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