Había una vez un color triste que se parecía a tu nombre.
Me pregunto cuantas veces te habré buscado por las noches, o cuantas veces me he quedado esperando a que, aún sabiendo que no. No sé, es como si no fuera capaz de mantenerme alejada o al menos no por mucho tiempo, y siempre tenga que volver aunque solo sea por si acaso. Sé que algún día no recordaré nada sobre las osos polares o las colas negras de un gato que nos da buena suerte, y que ya no quedarán cenizas ni rincones, ni flores que rebozan vida y color azul. Siempre fui de quedarme en silencio y mirarte directamente a los ojos. Y no entiendo cómo demonios he llegado hasta aquí, después de haber estado rodeada durante tanto tiempo por todos tus ángeles. El color rojo siempre me ha quedado bien y mira como lo sabes. Y aunque estábamos muertos de miedo nos reímos, porque total, puestos a darlo todo es mejor hacerlo a lo grande. Después no recuerdo por qué, pero yo flotaba y tú sólo tratabas de que volara más alto, ...