Vivir bonito.
Hace tiempo que dejé de escribir sobre historias que deberían contarse solas. O vivirse, más bien, aunque es algo que estoy intentando aprender. A vivir, quiero decir, o mejor dicho, a vivir bien. A disfrutar de viajes al fin del mundo de ida y vuelta a las 3 de la madrugada en la puerta de aquel bar. O de las escapadas en pleno salto a cualquier mala decisión tomada, sin tan siquiera pensarlo dos veces. Y tal vez no sepa vivir bien del todo y tenga que aprender a disfrutar mejor de las cervezas frías, de los muñecos de nieve hechos con arena, o pararme a ver como el cielo va cambiando de color los lunes por la mañana. Tengo mil sueños que cumplir y ni puta idea de por donde empezar. Tengo tres noches sin dormir pero historias para rato, en las que somos felices y no pensamos en que mañana nos iremos de nuevo directos a la rutina. Tengo un par de risas a las que recurrir cuando las cosas comienzan a complicarse y no sé dónde me puedo es...