Necesito encontrarte.
Sin lugar a dudas y con más de una de ellas, sin precio, sin cuerda, sin caída, sin alas. Una sensación, de repente de perder la caricia de aquella noche. Sin estrellas, sin frío. Nos derretimos entonces por el calor de aquel susurro. Aquel grito en silencio tiene más paciencia que todos los pasos que han quedado anclados en algún lugar de la brisa de ese invierno. El calor de las ganas han cambiado y han dejado la impaciencia de cambiar el ser fuerte por solo ser. Sin fuerzas, sin ganas. Como se es en la intimidad de aquella espina, que ha perdido su rosa, pero no su color. Como pierde el encontrado las ganas de buscar el olvido, en el tiempo en que mis palabras carecían de un significado cargadas de sentido. Opuesto entonces a nosotros almas perdidas como peso sin plomo, volando en dirección contraria al único lugar al que no debería ir. Ni en sueños. A veces en sueños lo tenemos todo. Y a veces no.