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De vuelta a las andadas.

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Entre mesas perdidas y miradas encontradas, cabezas agachadas y una tenue luz que no alcanza  ni para mirarse los pies, descalzos. Menos alas que ayer, caídas en la vuelta de la rutina, perdida entre palabras dichas, no escuchadas. Hablaba sin decir y entiendo que al final quedaba todo entre algún que otro pensamiento desierto. Explícame como es esa sensación, y por qué solo aparece a tu alrededor. Resulta que desconecté durante tanto tiempo que ya sólo quedaba ruído. Busqué para encontrar ese silencio pausado y entrecortado entre sonrisa y sonrisa. No me salves de la caída, ni del deshielo de estos tiempos de arena. Menos aún del tiempo. Menos aún,  de las cadenas rotas como agujas de reloj. Sálvame de las cabezas bajadas, de las sonrisas perdidas, de la tuya encontrada.  Ya sabes. Dos besos que saben a poco y despedidas de mucho. Apuntando en un último aliento a las cicatrices en una piel rasgada por el peso del silencio. ...

Aquí también debería nevar.

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Busco algo tal vez, pero a saber qué. Lo que sea entre monedas de media cara que sólo hacen bulto en el bolsillo del pantalón. Tal vez,  para no sentir el vacío de las llaves que antes abrían la puerta de tu casa. Como en un semi abrir de ojos te veía observándome mientras dormía,  y ahora,  solo me queda hacerlo en sueños. Te estoy cediendo el derecho a pensar que soy fría esperando entonces que entiendas que el hielo a veces también quema. Así que cuidado,  que me pillas, y mira que pillarme por ti es lo más fácil que puedo hacer. Y es que yo no tropecé con una piedra, yo me caí y me rompí los dientes. Perdóname entonces si paso de caminos, y es que para caminar prefiero acostarme aquí a esperar, a esperarte,  y a saber a qué más.  No te pierdas. 

La distracción que aparece en cada palabra escrita de más.

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Resulta que entre las viejas historias  encontré un riconcito donde poder dormir durante toda la noche siguiente. Quien sabe,  tal vez con un poco de suerte me levante rodeada de todos y cada uno de los besos que no te di  por miedo a perder un poco de algo que ya no me pertenecía. Resulta que aprendí  que las nubes también lloran al escuchar tu nombre, se estremecen un poco en mi honor y estallan con cada suspiro de propina que te dedico.  Una nota más abajo del último cajón de la derecha lleva escrito tu nombre a bolígrafo  tu número de teléfono.  Que no te voy a llamar,  pero por si acaso.  Aprendí a escribir con bolígrafos aún consciente  de que los errores no podían ser borrados.  Jamás he vuelto a escribir en lápiz desde entonces.  Y es que en cada sensación de alivio al ver que te alejas  sobreentienden las ganas que tengo de que te marches tan solo por el placer de verte llegar. Quién lo ...

Resumen resumido.

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Es como cuando te vas a caer. Tratas de recuperar el equilibrio, mantenerte. Y cuando crees que sólo quedó en un tropiezo,  te das de morros contra el suelo. Eso es el amor, señores. 

Cada nota verde va por ti.

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Entre resaca y resaca sólo hay intervalos de borracheras en las que me tomo a cada dos minutos el último chupito en tu honor.  Es así como en cada suspiro entre los pasos a gritos de tacón con el eco a volumen vertiginoso descubren unos labios demasiado rojos, que dejan huella en cada dos besos y un ''como va todo''. Así que siéntate a observar en silencio este baile de desconocidos que replican entre y por qué si cualquier tontería dicha la noche anterior entre las sábanas de una cada aparentemente vacía.  Dime entonces por qué no entras.  Te busco y te encuentro sin saber que sigues a mi lado. Tal vez noche tras noche me perdía contando las estrellas de un cielo tan oscuro que apenas deja ver a la luna. Deja entonces que contemple su belleza, y anoto como dato al azar que la única belleza que soy capaz de reconoces es la de tu rostro y tu espalda desnuda entre mis manos, amor.  Que escribiré la tercera parte de nuestra historia, ya que nuestro guionista se olv...

El arte de eso llamado ''palabras''.

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Y te diré sin decir,  que las palabras no se miden, si se dicen o no se dicen,  que tal vez fue un tormento,  el dejarlo todo al tiempo,  y calcular el que sentir. Que no tiene que ver,  el mirar o no hacerlo, el sentir un sentimiento, que borró el lado cuerdo,  a lo que quedó por hacer. Y te digo sin querer,  que no entiendo la sinfonía,  tal vez por la agonía,  o dulce filosofía  de que todo sale bien. Y saldrá tal vez mejor,  la vez que no se juega un pulso, que desgasta por el uso,  el corazón como motor. Y si no, él lo intentó,  tal vez con miedo a la caída,  que quizá, perdió la partida,  pero tendrá claro que en la vida,  antes de perder, luchó. 

Echar de menos no sirve para nada. Yo me limito a no hacerlo.

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Me tenías perdida en las mil palabras de mi memoria que no recordaría ni a tiros.  Tanta memoria, tanta memoria, y al final lo último que recuerdo es que demonios desayuné esta mañana. Un poco de cordura, por favor,  este mundo de locos está plagado de gente que tan solo finge estarlo para así entender un poco más allá de la razón,  que es más divertido. Sin piedras ni palos  para construir un refugio de supervivencia  y mil palabras a pie de cañón  para defender tal vez una idea que tan solo yo entiendo. En mi cuerda locura personalizada. Escribí tres versos y medio en un trozo de servilleta que perdí luego a saber donde. A saber por qué. Es curioso,  recuerdo que escribí, pero ninguna de las palabras, tampoco el significado,  y menos aún un por qué con un mínimo de sentido. Tal vez por liberar un poco del revuelo que tengo montado en algún lugar de mi subconsciente,  donde se decide en que momento jugármela ...

Tal vez el problema sea, que estoy formada por plumas que solo escriben tu nombre.

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Puede que de vez en cuando o tal vez de cuando en vez, necesite reunir las fuerzas necesarias para escribir palabras que no deberían ser escritas. Puede, quizás, que las haya dicho tantas veces que estén gastadas en cierto modo, por ti, que no me escuchas, y por mi voz, que jamás las pronuncia en alto. Entonces puede que entiendas, a fin de cuentas, que cuento contigo hasta que ya no sepa contar más. Me he partido en mil pedacitos repartidos en cada parte de ti. De lo que fuiste un día. Al menos. No sé describir esta sensaión de desgaste emocional que me invade cada vez que dices dos palabras al azar y me miras de reojo. Perdona,  no voy a ser yo  la que siga pidiendo deseos soplnado diminutas pestañas caídas mientras pienso en tu nombre. Mi suerte va más allá de una pestaña, un espejo roto, y un poco de sal derramada. Rompería entonces todos los espejos en los que aparece tu rostro detrás de mi en forma de recuerdos que me hacen pensar...