Con quién.
Sentir más,
escuchar menos.
Escucharse, es decir.
Porque aquí estamos gritando bajo las trincheras,
asustados por la posible guerra,
huyendo antes del naufragio,
y corriendo en dirección contraria,
del único lugar en el que quieres pasar la próxima noche.
Y la otra,
y la otra,
y todas las demás.
No puedes hacer nada,
ahora solo puedes quedarte,
y cierras las ventanas porque así se disfruta más de esa intimidad,
complicidad,
peleas de carcajadas a beso o suerte,
y de pronto se convierte en la única lucha que quieres ganar.
Ganaste más cuando perdiste el miedo,
porque ser valiente también es sentir.
Mucho, tanto, bien.
Tan fuerte que asusta,
tan bonito que no te quieres marchar.
Dejas de pensar y sale solo,
impulsos que te llevan justo donde querías ir,
cuando ni si quiera lo sabías.
Cuando aún no lo habías reconocido.
Pero ahí esta,
con esa sonrisa que hace que todo suene bonito,
con esas ganas de quemar toda la ropa
porque no la vas a necesitar más.
Ahora los días pasan pero no pesan.
Y no da miedo la lluvia porque hay refugios
que también saben sanarte las alas rotas,
salvar las causas perdidas,
enseñarte que ganar también es cuidar
mientras te cuidan.
Y ya no hay precipicios ni rotos,
ni días a medias,
ni días solos.
Porque existen hogares sin paredes
y brazos en los que quedarse,
habitaciones con historias,
ganas de seguir cada día más
porque nunca había sido mejor,
y entonces deja de importar el dónde,
ahora solo importa el con quién.

escuchar menos.
Escucharse, es decir.
Porque aquí estamos gritando bajo las trincheras,
asustados por la posible guerra,
huyendo antes del naufragio,
y corriendo en dirección contraria,
del único lugar en el que quieres pasar la próxima noche.
Y la otra,
y la otra,
y todas las demás.
No puedes hacer nada,
ahora solo puedes quedarte,
y cierras las ventanas porque así se disfruta más de esa intimidad,
complicidad,
peleas de carcajadas a beso o suerte,
y de pronto se convierte en la única lucha que quieres ganar.
Ganaste más cuando perdiste el miedo,
porque ser valiente también es sentir.
Mucho, tanto, bien.
Tan fuerte que asusta,
tan bonito que no te quieres marchar.
Dejas de pensar y sale solo,
impulsos que te llevan justo donde querías ir,
cuando ni si quiera lo sabías.
Cuando aún no lo habías reconocido.
Pero ahí esta,
con esa sonrisa que hace que todo suene bonito,
con esas ganas de quemar toda la ropa
porque no la vas a necesitar más.
Ahora los días pasan pero no pesan.
Y no da miedo la lluvia porque hay refugios
que también saben sanarte las alas rotas,
salvar las causas perdidas,
enseñarte que ganar también es cuidar
mientras te cuidan.
Y ya no hay precipicios ni rotos,
ni días a medias,
ni días solos.
Porque existen hogares sin paredes
y brazos en los que quedarse,
habitaciones con historias,
ganas de seguir cada día más
porque nunca había sido mejor,
y entonces deja de importar el dónde,
ahora solo importa el con quién.

Comentarios
Publicar un comentario