A la tercera va la vencida.
Y seremos un poema de domingo por la noche,
cambiando el sueño por ganas,
el miedo por agallas,
transformando la complicidad en secretos.
Que nos envide el Fénix
porque nosotros siempre ardemos en llamas
y de lo contrario, por ti estoy dispuesta a encender una cerilla en cada intento de viento.
Tendremos armas para aniquilar a cualquier ejército
que se crea capaz de destruirnos.
Y nos destruiremos,
sí, nosotros.
En cada nueva huida a cualquier lugar lo bastante lejos para sólo estar nosotros.
En cada nueva guerra de sábanas y gemidos,
en cada intento hacer menos ruido, y hacerlo mejor.
Que las segundas partes nunca fueron buenas,
pero a la tercera va la vencida.
Y me da igual cuanto me digan,
que yo solo soy capaz de sentir.
Te quiero para escribirte toda mi vida,
y para que me leas durante el resto de la tuya.
cambiando el sueño por ganas,
el miedo por agallas,
transformando la complicidad en secretos.
Que nos envide el Fénix
porque nosotros siempre ardemos en llamas
y de lo contrario, por ti estoy dispuesta a encender una cerilla en cada intento de viento.
Tendremos armas para aniquilar a cualquier ejército
que se crea capaz de destruirnos.
Y nos destruiremos,
sí, nosotros.
En cada nueva huida a cualquier lugar lo bastante lejos para sólo estar nosotros.
En cada nueva guerra de sábanas y gemidos,
en cada intento hacer menos ruido, y hacerlo mejor.
Que las segundas partes nunca fueron buenas,
pero a la tercera va la vencida.
Y me da igual cuanto me digan,
que yo solo soy capaz de sentir.
Te quiero para escribirte toda mi vida,
y para que me leas durante el resto de la tuya.

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