Viene cuando viene.
Comencemos desde abajo
desde las cenizas,
desde los rotos,
desde las cicatrices al rojo vivo,
y las noches en las que necesitas una cerveza y un cigarro,
o un buen polvo.
Convertimos la soledad
en pagar por cualquier compañía de una noche,
o peor aún
de media vida,
y digo que es peor,
porque vender falso amor a cambio de compañía
es una putada por la que muchos hemos pasado.
Ya sea entregando.
Ya sea recibiendo.
Al final del día,
da igual cuanto te esfuerces,
o cuanto luches por permanecer,
simplemente te desvaneces
te transformas en nada,
y entonces tan solo te quedará esperar.
¿Esperar a qué?
Al aburrimiento del que no tiene qué hacer por las mañanas,
del que se queda colgado por la tarde,
del que se siente sucio por la noche.
Decimos amor, como quien dice siguiente,
y es así,
va por turnos.
Hoy te toca a ti y mañana ya veremos,
pero al final,
siempre terminamos mirando para el lado que no es.
Hablo desde la herida a la que le echaron limón,
hablo desde el dolor, que solo ves si miras bien a los ojos,
desde la incertidumbre de si hoy será, o no,
desde el rincón en el que espero a que alguien se de cuenta.
Al final con la soledad solo puedes hacer dos cosas,
quererla,
o rezar para que se vaya.
Y esa es nuestra diferencia.
Yo,
que solo puedo agradecer ese privilegio de estar conmigo misma
y disfrutarlo.
Y tú,
que ya no sabes ni donde estás,
y que disfrutar, se convirtió en buscar con quién pasar esta noche.
desde las cenizas,
desde los rotos,
desde las cicatrices al rojo vivo,
y las noches en las que necesitas una cerveza y un cigarro,
o un buen polvo.
Convertimos la soledad
en pagar por cualquier compañía de una noche,
o peor aún
de media vida,
y digo que es peor,
porque vender falso amor a cambio de compañía
es una putada por la que muchos hemos pasado.
Ya sea entregando.
Ya sea recibiendo.
Al final del día,
da igual cuanto te esfuerces,
o cuanto luches por permanecer,
simplemente te desvaneces
te transformas en nada,
y entonces tan solo te quedará esperar.
¿Esperar a qué?
Al aburrimiento del que no tiene qué hacer por las mañanas,
del que se queda colgado por la tarde,
del que se siente sucio por la noche.
Decimos amor, como quien dice siguiente,
y es así,
va por turnos.
Hoy te toca a ti y mañana ya veremos,
pero al final,
siempre terminamos mirando para el lado que no es.
Hablo desde la herida a la que le echaron limón,
hablo desde el dolor, que solo ves si miras bien a los ojos,
desde la incertidumbre de si hoy será, o no,
desde el rincón en el que espero a que alguien se de cuenta.
Al final con la soledad solo puedes hacer dos cosas,
quererla,
o rezar para que se vaya.
Y esa es nuestra diferencia.
Yo,
que solo puedo agradecer ese privilegio de estar conmigo misma
y disfrutarlo.
Y tú,
que ya no sabes ni donde estás,
y que disfrutar, se convirtió en buscar con quién pasar esta noche.

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