Infinitamente.
Hay veces que el alma se nos parte
en tantos pedacitos
que cuesta más encontrar
nuestras propias partes que han quedado esparcidas
por cualquier lugar que algún día visitamos
que recomponerlo para que no se rompa más.
Te entregué lo más profundo de mi
aún sabiendo
que era como darte el cuchillo
con el que podrías matarme sin dejar rastro,
ni pistas,
ni huellas,
ni crimen.
Me entregué a ti como en una novela rosa
como en un cuento de final feliz,
como si jamás hubiera conocido el miedo
o mi corazón nunca hubiera latido a pedazos.
Jamás confié tanto en alguien
jamás había sentido que mis manos soportaran tan poca sensación de peso
nunca me sentí tan pura
como ahora,
o tan reconstruida,
como siempre que me sonríes
y me dices bajito y despacio
que esta noche vas a dormir conmigo y no te vas a marchar.
Resulta que no sabía escribirle a mi felicidad
si no se transformaba antes en escombros
y fríos rastros de lo que un día fue
pero ya no.
No era capaz de gritar de felicidad
ni de alegría
acostumbrada probablemente
a tan solo vaciarme cuando no podía soportar nada más.
Pero es que tengo la obligación de escribir de tu cuerpo sin nada de ropa,
de tu espalda desnuda en mis manos
de acariciar tu cara mientras cierras los ojos y sonríes,
de ciertas cosquillas
solo en ciertos lugares.
Tan fácil que todos escriben del amor
y yo que sólo sé disfrutarlo
para luego no encontrar las palabras perfectas para hablar de ti.
Eres mi poema pendiente,
la asignatura que suspendo por falta de teoría
pero con sobresaliente en las prácticas.
En todas y cada una de ellas.
Resulta que no eramos tan imposibles como
yo en mi abrumado sentido común
pensé en su momento.
Caer enamorado es como caer dormido
solo que con los sueños
soñados con los ojos bien abiertos.
Luego caer encima de ti
y escucharte reír como sólo tú ríes
fuerte y poco
hace que me de cuenta
de infravalorado que está todo esto
a nuestro al rededor.
Has dejado tus huellas por todas partes
por todos los rincones posibles
en cada parte que hay dentro de mi,
has llegado tan rápido que no lo he visto venir
te has quedado tantas veces
que me moriría si te viera marchar.
Cada vez es el tiempo que más
y el tiempo que menos
respectivamente.
Y yo tan como yo
y tu tan poco yo
que al final solo podía ser perfecto.
Llevo tanto tiempo esperando a poder estar así
que ahora no sé como hacerlo
y sonrío porque solo quiero ver
como sigue siendo otra vez
lo que es ahora
y lo que seguirá
o seguiremos siendo.
Mi mejor compañía los sábados por la noche,
mi libro a medias,
la película que veo de reojo de vez en cuando,
la más alta brisa en la más oscura noche.
Y es que no sabía como escribirte
y ya entiendo el por qué,
y es que no escribo de ti ni para ti,
escribo de mi,
y de lo que soy yo
de lo que somo juntos
desde que estoy contigo.
en tantos pedacitos
que cuesta más encontrar
nuestras propias partes que han quedado esparcidas
por cualquier lugar que algún día visitamos
que recomponerlo para que no se rompa más.
Te entregué lo más profundo de mi
aún sabiendo
que era como darte el cuchillo
con el que podrías matarme sin dejar rastro,
ni pistas,
ni huellas,
ni crimen.
Me entregué a ti como en una novela rosa
como en un cuento de final feliz,
como si jamás hubiera conocido el miedo
o mi corazón nunca hubiera latido a pedazos.
Jamás confié tanto en alguien
jamás había sentido que mis manos soportaran tan poca sensación de peso
nunca me sentí tan pura
como ahora,
o tan reconstruida,
como siempre que me sonríes
y me dices bajito y despacio
que esta noche vas a dormir conmigo y no te vas a marchar.
Resulta que no sabía escribirle a mi felicidad
si no se transformaba antes en escombros
y fríos rastros de lo que un día fue
pero ya no.
No era capaz de gritar de felicidad
ni de alegría
acostumbrada probablemente
a tan solo vaciarme cuando no podía soportar nada más.
Pero es que tengo la obligación de escribir de tu cuerpo sin nada de ropa,
de tu espalda desnuda en mis manos
de acariciar tu cara mientras cierras los ojos y sonríes,
de ciertas cosquillas
solo en ciertos lugares.
Tan fácil que todos escriben del amor
y yo que sólo sé disfrutarlo
para luego no encontrar las palabras perfectas para hablar de ti.
Eres mi poema pendiente,
la asignatura que suspendo por falta de teoría
pero con sobresaliente en las prácticas.
En todas y cada una de ellas.
Resulta que no eramos tan imposibles como
yo en mi abrumado sentido común
pensé en su momento.
Caer enamorado es como caer dormido
solo que con los sueños
soñados con los ojos bien abiertos.
Luego caer encima de ti
y escucharte reír como sólo tú ríes
fuerte y poco
hace que me de cuenta
de infravalorado que está todo esto
a nuestro al rededor.
Has dejado tus huellas por todas partes
por todos los rincones posibles
en cada parte que hay dentro de mi,
has llegado tan rápido que no lo he visto venir
te has quedado tantas veces
que me moriría si te viera marchar.
Cada vez es el tiempo que más
y el tiempo que menos
respectivamente.
Y yo tan como yo
y tu tan poco yo
que al final solo podía ser perfecto.
Llevo tanto tiempo esperando a poder estar así
que ahora no sé como hacerlo
y sonrío porque solo quiero ver
como sigue siendo otra vez
lo que es ahora
y lo que seguirá
o seguiremos siendo.
Mi mejor compañía los sábados por la noche,
mi libro a medias,
la película que veo de reojo de vez en cuando,
la más alta brisa en la más oscura noche.
Y es que no sabía como escribirte
y ya entiendo el por qué,
y es que no escribo de ti ni para ti,
escribo de mi,
y de lo que soy yo
de lo que somo juntos
desde que estoy contigo.

Comentarios
Publicar un comentario