Huele a despedida ¿no te parece?
Ya no escribo.
Me he dado cuenta,
ya no escribo.
Tal vez porque ya no me quedo despierta hasta las tres de la madrugada entre sudor y lágrimas con cenizas de olor a cigarrillo apagado en la última media hora.
Quizá, porque el tiempo va jodidamente rápido y me lleva a un callejón sin salida del cual intento desesperadamente mientras me rompo las uñas recién pintadas y sin secar.
Esmalte rojo, recuerdo.
Que por recordar no sé como salté ni como demonios llegué hasta aquí, pero no tengo dinero así que seguro que tocó hacer autostop.
Recuerdo que tenía una libreta y tiempo libre.
La peor condena y el mejor trato firmado con la libertad a puño rojo y sello de saliva a modo de ''choca esos cinco''. Poco menos me debes y aún lo estoy esperando tan impaciente como siempre.
Chaqueta gris y corbata negra. El único que destacaba y el primero que terminó igual que el resto. Por el suelo.
Demasiado calor para recordar tantas noches escribiendo sobre si te quería un poco más o te olvidaba un poco menos. Sobre si entendías mi palabrarería o me decías que si por el placer de enloquecer a cambio de dos besos y un poco menos de ropa. Ya sabes.
El caso es que estoy volviendo a mis costumbres de leer y releer a Escandar hasta quedarme dormida y con alguna que otra lágrima ir mirando la hora esperando que sean las tres y así autoengañarme de que no he cambiado tanto.
Las ostias nos cambian a todos y yo me las suelo llevar a pares y bien puestas.
Resultó que te debía más de lo que decía y que me servías al menos para escribir que te echaba de menos y que las copas se iban vaciando una tras otras en tu honor. Ahora que no me queda ni eso, no escribo.
Aprendí a es cri bir te y te ol vi dé como a las penas, y ya no escribo.
Ya no escribo.
Y lo echo de menos.
Sea a las tres, a las cuatro
o a las cinco.
Ya no escribo.
Aunque irónicamente
he escrito sobre ello,
sobre no escribir
¿Será lo último que nos queda?
¿Una despedida?
Mira,
pues algo es algo.
Ya sabes.
Me he dado cuenta,
ya no escribo.
Tal vez porque ya no me quedo despierta hasta las tres de la madrugada entre sudor y lágrimas con cenizas de olor a cigarrillo apagado en la última media hora.
Quizá, porque el tiempo va jodidamente rápido y me lleva a un callejón sin salida del cual intento desesperadamente mientras me rompo las uñas recién pintadas y sin secar.
Esmalte rojo, recuerdo.
Que por recordar no sé como salté ni como demonios llegué hasta aquí, pero no tengo dinero así que seguro que tocó hacer autostop.
Recuerdo que tenía una libreta y tiempo libre.
La peor condena y el mejor trato firmado con la libertad a puño rojo y sello de saliva a modo de ''choca esos cinco''. Poco menos me debes y aún lo estoy esperando tan impaciente como siempre.
Chaqueta gris y corbata negra. El único que destacaba y el primero que terminó igual que el resto. Por el suelo.
Demasiado calor para recordar tantas noches escribiendo sobre si te quería un poco más o te olvidaba un poco menos. Sobre si entendías mi palabrarería o me decías que si por el placer de enloquecer a cambio de dos besos y un poco menos de ropa. Ya sabes.
El caso es que estoy volviendo a mis costumbres de leer y releer a Escandar hasta quedarme dormida y con alguna que otra lágrima ir mirando la hora esperando que sean las tres y así autoengañarme de que no he cambiado tanto.
Las ostias nos cambian a todos y yo me las suelo llevar a pares y bien puestas.
Resultó que te debía más de lo que decía y que me servías al menos para escribir que te echaba de menos y que las copas se iban vaciando una tras otras en tu honor. Ahora que no me queda ni eso, no escribo.
Aprendí a es cri bir te y te ol vi dé como a las penas, y ya no escribo.
Ya no escribo.
Y lo echo de menos.
Sea a las tres, a las cuatro
o a las cinco.
Ya no escribo.
Aunque irónicamente
he escrito sobre ello,
sobre no escribir
¿Será lo último que nos queda?
¿Una despedida?
Mira,
pues algo es algo.
Ya sabes.

Comentarios
Publicar un comentario