24

No te voy a volver a abrir la puerta
después de que te marcharas,
y me dejaras sola
con esta botella ya vacía.

Me dejaste sin la sensación de poder con todo el peso de mis remordimientos,
pero 
si
con 
los 
tuyos.

Un día llovió tan fuerte
que me rompí en pedazos.
Y al final te escribí tantas veces 
que me quedé sin palabras.

El espejo se rompió en miles de trozos
y me corté con cada uno de ellos.
Sin dolor.
No hay dolor.

Tampoco ganas de tirarse
y caerse de lleno
en esas despedidas
que a solo a ti se te dan demasiado bien.

Que sepas
que te gritaría que no te fueras tan fuerte
que se me rompería la voz.

Al final todos los caminos llegan a Roma,
y en Roma me consumiría contigo.

Con el tiempo parado
por relojes rotos
con sueños soñados
en cada rincón vacío
de mi cama
ya desierta
de ti.

Recuerdo 
que volverías
y luego 
lo olvidé por completo.

Me fui.
Y ahora estoy aquí
esperando no haberme equivocado de tren
y así poder encontrarme contigo.
Ahora
entre la lluvia que grita en silencio
un cuento en el que tenemos un final feliz
y no vacío.

Y así sigo por la vida
soplando pestañas
sin pedir deseos.
Pidiendo deseos,
por morir en tus pestañas.



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