Caes de bruces contra el suelo para ponerte una tirita en el corazón.
Recuerdo con nostalgia aquella época en la que nos tapábamos los ojos con asco al ver a alguien mayor besándose, seguido de un ''puag'' y la típica frase de ''Que asco, yo nunca voy a hacer eso.''
Recuerdo cuando tener novio era sólo para jugar a agarrarse de la mano y luego olvidarnos por completo y estar todo el rato con nuestros amigos.
Recuerdo aquellas competiciones en las que ganaba quién más novios tenía, y la frase de ''Pues yo tengo 5'' y como no, siempre se nos olvidaba el nombre de algunos al mencionarlos.
''Cosas de niños'' decían los adultos.
Ahora, los adultos somos nosotros.
Los que nos perdemos entre los besos de verdad, los de película, con los ojos cerrados y no tapados con las manos. Somos los que andamos cogidos de la manos por miedo a perdernos, para sentirnos cerca y no para que todo el patio de recreo se entere de que es tu novio.
Somos los que sentimos de verdad. Queremos. Perdemos. Sufrimos. Ganamos. Somos felices. Infelices. Y disfrutamos de la compañía cada segundo.
Nos colocamos tiritas en el corazón en lugar de en las rodillas raspadas. Maduramos. Crecemos.
Y los vemos a ellos.
Tan pequeños, y sin saber lo diferente que llegará a ser todo cuando sean mayores. Cuando sean como nosotros.
Y al menos yo, me doy cuanta de que están en la mejor edad del mundo, que puede que tengan muchas ganas de crecer y ser grandes, pero jamás tantas ganas como las que tengo yo de quitarme todas las tiritas del corazón para ponérmelas en las rodillas.
Recuerdo cuando tener novio era sólo para jugar a agarrarse de la mano y luego olvidarnos por completo y estar todo el rato con nuestros amigos.
Recuerdo aquellas competiciones en las que ganaba quién más novios tenía, y la frase de ''Pues yo tengo 5'' y como no, siempre se nos olvidaba el nombre de algunos al mencionarlos.
''Cosas de niños'' decían los adultos.
Ahora, los adultos somos nosotros.
Los que nos perdemos entre los besos de verdad, los de película, con los ojos cerrados y no tapados con las manos. Somos los que andamos cogidos de la manos por miedo a perdernos, para sentirnos cerca y no para que todo el patio de recreo se entere de que es tu novio.
Somos los que sentimos de verdad. Queremos. Perdemos. Sufrimos. Ganamos. Somos felices. Infelices. Y disfrutamos de la compañía cada segundo.
Nos colocamos tiritas en el corazón en lugar de en las rodillas raspadas. Maduramos. Crecemos.
Y los vemos a ellos.
Tan pequeños, y sin saber lo diferente que llegará a ser todo cuando sean mayores. Cuando sean como nosotros.
Y al menos yo, me doy cuanta de que están en la mejor edad del mundo, que puede que tengan muchas ganas de crecer y ser grandes, pero jamás tantas ganas como las que tengo yo de quitarme todas las tiritas del corazón para ponérmelas en las rodillas.

Es un realidad que todos tenemos que afrontar. Y mejor quedarse con lo bueno que saquemos de ellos
ResponderEliminarSi, por muy complicado que sea a veces.
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