¿Volamos?
Voy a escribir una carta de deseos.
De esas que escribía cuando era pequeña,
y la palabra imposible no estaba en mi diccionario personal.
Ahora, sin embargo, no comenzaré diciendo que deseo volar,
aunque así sea,
y es que siendo sinceros,
quien no ha mirado alguna vez al cielo,
ha observado las nubes,
y no ha querido rozarlas con todas sus ganas con la punta de los dedos.
Recuerdo que solía imaginar que eran como algodones de azúcar gigantes,
y en ese momento me daban unas ganas terrible de que fuera así de verdad.
De gigantes solía ir alguno de mis deseos,
de ser enorme por un día, y ver,
cuan pequeño se vería el mundo a mis pies,
y no lo grande que me queda en realidad.
Ahora, que tengo unos cuantos años de más, (y centímetros)
me sorprendo al darme cuenta de que volar es uno de mis deseos,
solo que ahora conozco el significado de la palabra ''imposible'',
y borré alguna cosas de mi lista.
Ahora si,
las ganas de la libertad entre mis dedos no ha desaparecido con el tiempo,
aunque es verdad que cada vez es más pequeña,
pues la he conseguido con un simple bolígrafo,
y un trozo de papel en el que poder escribir cualquier palabra que se me pase por la mente.
Y como no,
para cambiarlo luego por una libreta,
que las lineas se multiplican,
y el espacio no es suficiente si se ve reducido a la cantidad de mis pensamientos que van a mil por hora en dirección contraria.
Que raro es que me equivoque de carril y choque con la realidad...
Que tarde he venido a darme cuenta.
Y es que he aprendido que no puedo volar,
ni tampoco comerme las nubes porque para nada son dulces.
Que los gigantes no existen,
y que tendré que conformarme con mi metro sesenta para ver el mundo desde aquí.
Pero me vale.
No llegué a cumplir mi lista de deseos, pero quede cerca.
Tan cerca como el gran gigante de la nube,
como el algodón lo está del azúcar,
y como yo lo estoy de esta hermosa libertad que poseo
cada vez que puedo escribir(te)
De esas que escribía cuando era pequeña,
y la palabra imposible no estaba en mi diccionario personal.
Ahora, sin embargo, no comenzaré diciendo que deseo volar,
aunque así sea,
y es que siendo sinceros,
quien no ha mirado alguna vez al cielo,
ha observado las nubes,
y no ha querido rozarlas con todas sus ganas con la punta de los dedos.
Recuerdo que solía imaginar que eran como algodones de azúcar gigantes,
y en ese momento me daban unas ganas terrible de que fuera así de verdad.
De gigantes solía ir alguno de mis deseos,
de ser enorme por un día, y ver,
cuan pequeño se vería el mundo a mis pies,
y no lo grande que me queda en realidad.
Ahora, que tengo unos cuantos años de más, (y centímetros)
me sorprendo al darme cuenta de que volar es uno de mis deseos,
solo que ahora conozco el significado de la palabra ''imposible'',
y borré alguna cosas de mi lista.
Ahora si,
las ganas de la libertad entre mis dedos no ha desaparecido con el tiempo,
aunque es verdad que cada vez es más pequeña,
pues la he conseguido con un simple bolígrafo,
y un trozo de papel en el que poder escribir cualquier palabra que se me pase por la mente.
Y como no,
para cambiarlo luego por una libreta,
que las lineas se multiplican,
y el espacio no es suficiente si se ve reducido a la cantidad de mis pensamientos que van a mil por hora en dirección contraria.
Que raro es que me equivoque de carril y choque con la realidad...
Que tarde he venido a darme cuenta.
Y es que he aprendido que no puedo volar,
ni tampoco comerme las nubes porque para nada son dulces.
Que los gigantes no existen,
y que tendré que conformarme con mi metro sesenta para ver el mundo desde aquí.
Pero me vale.
No llegué a cumplir mi lista de deseos, pero quede cerca.
Tan cerca como el gran gigante de la nube,
como el algodón lo está del azúcar,
y como yo lo estoy de esta hermosa libertad que poseo
cada vez que puedo escribir(te)

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