Dime un número, de dos cifras.
Tal vez el error es mío,
por buscar palabras de consuelo,
en heridas que aún están abiertas.
Una nota de más,
en un pentagrama de menos
y un sonido a media voz.
Que el alcohol no ayuda,
dicen,
pero el agua tampoco.
Así, que me quedo con el tequila,
que el Malibú con piña es pala los débiles,
aunque a mi me guste más.
Pero así va la cosa.
De estación a estación
esperando encontrarte en verano.
Sin palabras,
a ser posible,
con hechos que se multipliquen por los besos que nos dejamos de dar cuando más fío hacía.
Ahora comienza esta espiral sin sentido
donde las palabras expresan lo mismo que el silencio.
Que yo no hablo.
Que tú, no hablas.
Que ganó la indiferencia.
Al fin.
Tú tan paso de ti,
y yo tan paso de todo.
Aunque un poco menos que hace diez minutos,
pues ha sonado una canción que me ha hecho recordar
y la he puesto tres veces.
Entre las letras me he perdido,
y he recordado que un día la pusiste,
sin más,
para mi sorpresa,
para mi sonrisa.
Me cogiste de la mano y bajaste conmigo.
Sin ver nada a nuestro alrededor.
No te veía,
pero te escuchaba respirar.
Sólo bajamos poco a poco
con banda sonora de fondo incluida.
Y así llegamos a encontrarnos cogidos de la mano,
y sin ganas de soltarnos.
Por un momento al menos,
que ya ni recuerdo el tacto de tu piel...
Pero si la melodía de aquella canción,
a todo volumen,
por encima de nosotros.
Y así estamos,
tú que no tienes idea de nada,
y yo que de la nada no sé mucho.
Solo espero que me digas que hacer,
cuando las botellas de mi alrededor van quedando vacías,
mientras mi mente está cada vez más saturada.
De ti.
Amor.
Y es por eso,
en los que hay momentos en los que mi mente se cansa de fingir que no te echa de menos,
y comienzo a extrañar,
lo que tu ya echas de más.
Seguimos hablando de echar,
como quien echa un par de monedas en la fuente
y no pide un deseo que espera cumplir.
Como promesas incumplidas,
y algún otro sueño despistado que se quedó sin soñar.
Quizás ese sea el problema,
que debería olvidarte un poco más,
y pensarte un poco menos.
A lo mejor la solución está en mi cama.
O en la tuya.
Puede,
que te salude para decirte al final que te echo de menos
mientras espero que me contestes que tú a mi también,
aunque sea mentira,
aunque no sea de la misma forma.
Si, tal vez hoy te hable.
Aunque me olvidaba que le dí a eliminar
y dejé tu número fuera de mi alcance,
para no hacer tonterías.
Así que no podre ver como me dices que me echas de menos,
aunque lo espero...
El problema es que se me olvida que es mentira,
que se me olvida que no me lees,
se me olvida,
que no sabes que te escribo, si no menciono las estrellas,
como si al mirarlas te acordaras de mi,
(de ser así, significa que me quieres)
pero de estrellas,
no voy a hablar.
por buscar palabras de consuelo,
en heridas que aún están abiertas.
Una nota de más,
en un pentagrama de menos
y un sonido a media voz.
Que el alcohol no ayuda,
dicen,
pero el agua tampoco.
Así, que me quedo con el tequila,
que el Malibú con piña es pala los débiles,
aunque a mi me guste más.
Pero así va la cosa.
De estación a estación
esperando encontrarte en verano.
Sin palabras,
a ser posible,
con hechos que se multipliquen por los besos que nos dejamos de dar cuando más fío hacía.
Ahora comienza esta espiral sin sentido
donde las palabras expresan lo mismo que el silencio.
Que yo no hablo.
Que tú, no hablas.
Que ganó la indiferencia.
Al fin.
Tú tan paso de ti,
y yo tan paso de todo.
Aunque un poco menos que hace diez minutos,
pues ha sonado una canción que me ha hecho recordar
y la he puesto tres veces.
Entre las letras me he perdido,
y he recordado que un día la pusiste,
sin más,
para mi sorpresa,
para mi sonrisa.
Me cogiste de la mano y bajaste conmigo.
Sin ver nada a nuestro alrededor.
No te veía,
pero te escuchaba respirar.
Sólo bajamos poco a poco
con banda sonora de fondo incluida.
Y así llegamos a encontrarnos cogidos de la mano,
y sin ganas de soltarnos.
Por un momento al menos,
que ya ni recuerdo el tacto de tu piel...
Pero si la melodía de aquella canción,
a todo volumen,
por encima de nosotros.
Y así estamos,
tú que no tienes idea de nada,
y yo que de la nada no sé mucho.
Solo espero que me digas que hacer,
cuando las botellas de mi alrededor van quedando vacías,
mientras mi mente está cada vez más saturada.
De ti.
Amor.
Y es por eso,
en los que hay momentos en los que mi mente se cansa de fingir que no te echa de menos,
y comienzo a extrañar,
lo que tu ya echas de más.
Seguimos hablando de echar,
como quien echa un par de monedas en la fuente
y no pide un deseo que espera cumplir.
Como promesas incumplidas,
y algún otro sueño despistado que se quedó sin soñar.
Quizás ese sea el problema,
que debería olvidarte un poco más,
y pensarte un poco menos.
A lo mejor la solución está en mi cama.
O en la tuya.
Puede,
que te salude para decirte al final que te echo de menos
mientras espero que me contestes que tú a mi también,
aunque sea mentira,
aunque no sea de la misma forma.
Si, tal vez hoy te hable.
Aunque me olvidaba que le dí a eliminar
y dejé tu número fuera de mi alcance,
para no hacer tonterías.
Así que no podre ver como me dices que me echas de menos,
aunque lo espero...
El problema es que se me olvida que es mentira,
que se me olvida que no me lees,
se me olvida,
que no sabes que te escribo, si no menciono las estrellas,
como si al mirarlas te acordaras de mi,
(de ser así, significa que me quieres)
pero de estrellas,
no voy a hablar.
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