El arte de una sinfonía.
Puede que camine sin tocar el suelo, que las manos en mi bolsillo solo se protejan del frío, pues tal frío es el que me aleja del suspiro del miedo, en tu cielo, en mi cielo, cuando tu eres mi abrigo. Dame calor te lo pido, que estoy completamente congelada, ni el calor de tu mirada, puede hacer algo ya conmigo, que puede que quede la duda, de que a alguien le creció las alas, voló sin más, sin ganas, por aquella sonrisa desierta. Pues si me preguntan por drogas sin duda hablaré de tu sonrisa, pues quien necesita morfina con lo bien que se está en tu cama, y puede que valla sorda, entre palabras que no se dicen, recuerdos que ya no existen, y relojes que no marcan la hora. Tu eres mis agujas, mis teclas, mis palabras, mis miradas que buscan tu cara, mis manos que buscan tu espalda. Ya verás que tus susurros erizan mi cuerpo, que a mis palabras no se las lleva el viento, que lo que digo hoy mañana permanece, y aunque sea en la memoria, en un rincón siempre crece. Y fueron entonces tus alas, pues las mías estaban hace rato, joder, ya te estaba esperando, siempre fuiste tú a quien buscaba. Y encontrarte cuando no esperaba, cuando había dejado la lucha, significa la mejor escusa, para que alegrarás mi camino con tu mirada.
El frío ya se ha ido a otra parte, deja que te ponga una canción al oído, recuerda después que la escuchaste conmigo, y que entonces, solo entonces, seremos capaz de entender tanta arte.
El frío ya se ha ido a otra parte, deja que te ponga una canción al oído, recuerda después que la escuchaste conmigo, y que entonces, solo entonces, seremos capaz de entender tanta arte.

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