Bailar bajo la lluvia.
He bailado durante mucho tiempo bajo la lluvia sin ser consciente de lo hermoso que era. Rodeada de un millón de pequeñas partículas que caían continuamente al rededor de mi, porque esa es su única función. Caer.
Tan simple hecho, puede crear tanta grandeza hasta hacer que el ser más grande se pueda sentir completamente diminuto, guiado por pequeños momentos que marcan la vida de cada persona. Que crean lo que eres, lo que somos todos.
El sonido de un violín, de fondo, lo hace todo más hermoso aún, te da la fuerza para encontrar lo que siempre habías buscado. No todo se detiene bajo la lluvia, ni bajo la enorme luna llena que esta noche está más deslumbrante que de costumbre.
Lo notas, las lluvia baja por tu piel como si fuera su camino preferido, como si fuera sólo suyo, como si nunca nadie hubiera recorrido esos caminos. Y lo sientes. Sientes como aquella mano acariciaba tu piel, la observaba y la cubría de besos con tanta ternura que era imposible no sentir el calor de aquella persona en ti. Te rodeaba con sus brazos y te sentías protegida, sabías que nunca ibas a estar sola, que tenías una seguridad eterna. Exacto, todo quedaba en la eternidad, en los ''para siempre'' que si se cumplen.
Pero ahí estás, sola, bajo la lluvia, después de una larga tormenta, las gotas caen ahora como movidas por el pequeño viento que sopla, con simpleza y armonía. Es lo único que puedes sentir ahora, pues ese calor recorriendo tu piel ya no está, se desvaneció al igual que el hermoso sonido del violín. Del piano, la guitarra o el saxo. Ya no queda música de fondo, sólo quedan pequeñas gotas.
Sonrío, sonrío mientras sigo girando bajo la lluvia sin importar cual cantidad de gente pueda tomarme como una loca. De locuras está compuesta la vida, ahí es donde se haya lo realmente importante. Los más bellos recuerdos. Y puede, que ya no sienta los cálidos besos, ni las caricias de terciopelo que tanto me gustaban antes. La profundidad de los sentimientos que antes me llevaron al fondo, me traen de nuevo a la superficie. Respiro. Las canciones lentas, ya no me hacen sentir mal. Al contrario, dejo que hagan, pues me hacen bailar ahora bajo la lluvia, me hacen sonreír, mirar la luna llena, sentir su grandeza y disfrutar de la fuerza del viento, y no de una lágrima.
Tan simple hecho, puede crear tanta grandeza hasta hacer que el ser más grande se pueda sentir completamente diminuto, guiado por pequeños momentos que marcan la vida de cada persona. Que crean lo que eres, lo que somos todos.
El sonido de un violín, de fondo, lo hace todo más hermoso aún, te da la fuerza para encontrar lo que siempre habías buscado. No todo se detiene bajo la lluvia, ni bajo la enorme luna llena que esta noche está más deslumbrante que de costumbre.
Lo notas, las lluvia baja por tu piel como si fuera su camino preferido, como si fuera sólo suyo, como si nunca nadie hubiera recorrido esos caminos. Y lo sientes. Sientes como aquella mano acariciaba tu piel, la observaba y la cubría de besos con tanta ternura que era imposible no sentir el calor de aquella persona en ti. Te rodeaba con sus brazos y te sentías protegida, sabías que nunca ibas a estar sola, que tenías una seguridad eterna. Exacto, todo quedaba en la eternidad, en los ''para siempre'' que si se cumplen.
Pero ahí estás, sola, bajo la lluvia, después de una larga tormenta, las gotas caen ahora como movidas por el pequeño viento que sopla, con simpleza y armonía. Es lo único que puedes sentir ahora, pues ese calor recorriendo tu piel ya no está, se desvaneció al igual que el hermoso sonido del violín. Del piano, la guitarra o el saxo. Ya no queda música de fondo, sólo quedan pequeñas gotas.
Sonrío, sonrío mientras sigo girando bajo la lluvia sin importar cual cantidad de gente pueda tomarme como una loca. De locuras está compuesta la vida, ahí es donde se haya lo realmente importante. Los más bellos recuerdos. Y puede, que ya no sienta los cálidos besos, ni las caricias de terciopelo que tanto me gustaban antes. La profundidad de los sentimientos que antes me llevaron al fondo, me traen de nuevo a la superficie. Respiro. Las canciones lentas, ya no me hacen sentir mal. Al contrario, dejo que hagan, pues me hacen bailar ahora bajo la lluvia, me hacen sonreír, mirar la luna llena, sentir su grandeza y disfrutar de la fuerza del viento, y no de una lágrima.

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