Apóyame.
Ella lo miró, y se dio cuenta de que luchaba para que las lágrimas no salieran de sus ojos.
Nunca lo había visto así, en todos esos años a su lado, jamás había visto esa mueca de dolor y sufrimiento en su rostro.
Podía tocar el dolor, podía haberlo hecho de haberlo querido.
Sabía bien lo que podía decir, pero antes, necesitaba saber el porqué, el porqué renunció a aquello a lo que tanto amaba, llegando así al punto de la muerte en vida.
-¿Por qué?- Salió de sus labios.
A el no le sorprendió. Al contrarío, parecía estar esperando esa pregunta. Parecía llevar tiempo buscando esa respuesta,
-La quería, la quería tanto que dejé que se marchara.-
Vio como parpadeó. Una lágrima veloz rodó por su cara sin poder evitarlo.
Lo abrazó, y escuchó el llanto de su mejor amigo, ese que nunca antes había escuchado.
El llanto de un hombre destrozado.
El llanto de un hombre, que ha perdido el amor de su vida.

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