Llámame simplemente Súper. -Rinhold Ziegler.

-¿Te llamas sólo Walter o tienes algún otro nombre?- me preguntó.
-¿Por qué? ¿No te parece bien Walter?
-Sólo he pensado que a lo mejor tenías algún apodo- me explicó.
-¡Llámame simplemente Súper!- le dije para que se largara de una vez y dejara de interrogarme. Pero no se molestó, se limitó a sonreír y me dijo:
-Yo me llamo Berta, Berta a secas, pero me gustaría que me llamaras Súper-Berta.
Después dio media vuelta y volvió a reunirse con las otras chicas del curso. Incluso entonces ya sabía caminar meneando un poquito el trasero. Seguro que había apostado con las demás que era capaz de acercarse a hablarme y lo hizo solo por eso.
Herbert me contó luego que nadie la llamaba Berta, sino Bola de sebo. Era curioso porque en realidad no estaba demasiado gorda. Pero Herber dijo que hasta el curso pasado estaba gordísima, y Bola de sebo es uno de esos motes que ya no se borran.
En cualquier caso, desde aque día ella siempre me llamó Súper y era la única que sabía pronunciarlo para que sonara realmente << súper >>;. Por eso yo no la llamé nunca Bola de sebo; sólo alguna vez << la gorda Berta >>.

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