Aquí sigo.
Sabía que me estaba metiendo en la boca del lobo, pero qué bien sienta a veces cuando te comen. Tirarse sin paracaídas, acelerar cuesta abajo, saltar de espaldas. No mirar las cartas que están sobre la mesa, y jugársela me parece una muy buena forma de ganar la partida. Hubo un día en el que miré atrás y ya no había absolutamente nada. ¿Se supone que debo de sentir miedo? Hace tiempo que le perdí el significado, aunque eso carezca de sentido, y yo no sepa bien qué hacer ahora, o en que lugar nos deja después de todo lo que hemos dejado de ser. Hace más de lo que recuerdo, que no recuerdo dónde se rompieron todos los lazos, y las cartas a mano, y los juegos de palabras de dejarnos en silencio. Hace diez mil mentiras que no te creo. Aún así, todavía espero escuchar alguna verdad. O entender, por qué a pesar de todo, sigo permaneciendo inmóvil donde siempre, escuchando una y otra vez, lo que hace demasiado tiempo dejaste de dec...