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Sin alas no se vuela.

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Hay piedras que aún te recuerdan. Como culparlas. Como culparme.  Como avanzar hacía ninguna parte, a paso largo y con prisa. Permíteme, que esta noche está echa para ti, preciosa,  que fue alguna vez mi hogar.  En ti.  Tuyo, mejor. Ya es tarde para las prisas, y no hay prisa, que no es tarde. Me quedaría aquí, entre llamadas vacías,  silencios borrosos, y ojos perdidos en la nada de tu abismo. O del mío. Salté sin recordar que no llevaba paracaídas, a ti,  que parabas todas ellas y ya es tarde, he saltado y no sé volar. Nos veremos en los recuerdos, no te pierdas, y cuando llegues, no te vayas. 

Y te lo juro.

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Lo miró, rota, y todos sus pedazos se recompusieron. Quizá como si no fueran los culpables de que esté rota. Quizá, por ese mismo motivo. Volvía con esa sonrisa de salvarle el mundo, súper héroe a media jornada, y por un momento sentada a su lado olvidó, que la luz de aquellas estrellas desiertas y perdidas por los brillos de la ciudad, perdieron su valor sin ella. Se quedó sin saber  a donde iba, de donde venía, pero sabía donde se quedaba. Donde no. Donde si. Donde tal vez. En ese momento suspiró y respiró aquel mismo olor. Sorprendida abrió los ojos y vio aquella misma cara,  sintió la misma necesidad de sueños pasados, de besar esos mismos labios, agarrar esas mismas manos, y no soltarle nunca. Y  para su sorpresa, entre la necesidad desenfrenada de recuperar aquella necesidad perdida, en honor a todo lo que fue, supo donde quedarse, porque algún día de ahí había venido, porque ahí tenía que volver, porque esos brazos eran su único sitio en el mundo, y...

''Y si me tratas como un perro fui animal de compañía.''

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Hoy estoy abandonado como un perro, a la espera de que su dueño regrese, moviendo el rabo con alegría, entusiasmado, esperando a que vuelva por él.  Pasan tantas manos por su cabeza inquieta, como corazones por mi alma. él sólo espera la caricia de su dueño. Y yo me temo que sólo te espero a ti.  Comienza a llover, para él por fuera, para mi, por dentro. La gente lo mira con pena, mientras se recuesta en cualquier riconcito un poco seco, para seguir esperando, con tanta preocupación como esperanza.  Como yo, otra vez, preguntándose si habrá hecho algo malo, echándose todas las culpas si algo fue mal, pensando, que mañana irá mejor, que volverá. Pobre animal perdido en la vida esperando a alguien que no va a volver. Yo, digo, que te espero como el primer día, morena, y que te esperaré hasta el último.  Entiende que no me funciona con nadie más porque esto es contigo, o sin ti. Que no puede ser otra, porque no tendrá tu pelo complicado, tu voz calmada, tu risa co...

No es lo mismo hablar de sueños, que hablar con sueño.

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Te voy a escribir como nunca nadie te ha escrito. Como en tus peores pesadillas llenas de mi ausencia.  Como en tus mejores sueños caminando conmigo de la mano.  Andamos con el peso  de quien lleva algo a rastras, a ratos, dejando un rastro, y olvidando el resto. Como culpables que gritan inocencia. Como inocentes, que piensan en pecar. Que bien suena mi nombre  entre tus labios. Entre tus manos acogido como cual vagabundo. Entre tu pelo, como cual deseo insoportable, de acariciar un poco más. Dibujados de arriba abajo en una hoja rota, desgastada por el peso del tiempo o por el peso, tal vez. A trozos enteros,  y a trazos, perdidos. Del triste dolor  al bello consuelo de un instante en el que dibujo sin querer, tu nombre, en cualquier sitio. ''Y sólo los suenos pueden  posarse sobre las cinco letras de su nombre.'' Decía Escandar,  y que bien lo sabe. Pregúntame a mi,  que no te paro de soñar y no ...

Nosotros si.

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Te escribí a gritos lo que en silencio callabas.  Te encontré por casualidad, y no he podido dejar de leerte. Llegué un poco tarde y me senté a esperarte, sin pensar en el frío que me congelaba los sentimientos.  Tuyos. Llegaste tan rápido, que no tuve que esperarte nunca más hasta ahora. Te has ido con mi frío y con tu aroma con olor a mi.  Llegué luego, y esa vez muy temprano. Esa es quizás, la escusa para bombardear mis sentidos, esa que utilizarás, para reconstruir estas viejas ruinas de lo que ''tal vez''.  Será tarde y hará frío, pero traerás contigo tu aroma, con olor a mi, y se derretirán todos mis sentimientos.  Tuyos. 

Necesito encontrarte.

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Sin lugar a dudas y con más de una de ellas, sin precio, sin cuerda, sin caída, sin alas. Una sensación, de repente de perder la caricia de aquella noche. Sin estrellas, sin frío. Nos derretimos entonces  por el calor de aquel susurro. Aquel grito en silencio tiene más paciencia que todos los pasos que han quedado anclados en algún lugar de la brisa de ese invierno.  El calor de las ganas han cambiado  y han dejado la impaciencia  de cambiar el ser fuerte por solo ser. Sin fuerzas, sin ganas. Como se es en la intimidad de aquella espina, que ha perdido su rosa, pero no su color. Como pierde el encontrado las ganas de buscar el olvido, en el tiempo en que mis palabras carecían de un significado cargadas de sentido. Opuesto entonces a nosotros almas perdidas como peso sin plomo, volando en dirección contraria al único lugar al que no debería ir. Ni en sueños. A veces en sueños lo tenemos todo. Y a veces no. 

Que hermoso eres cuando llueve.

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Decidí escribirte en esta noche rota, para reconstruir  aquel pedacito de sonidos que formaban tu respiración entrecortada.  Ente melodías de verano que nos acompañan hasta la última copa en casa, más cerca del éxtasis final. Caí en la primera mirada en la primera farola de la avenida aún no me he vuelto a levantar  y te digo que se te ve muy bien desde aquí. Esperé durante dos segundos para que llegaras. Ahí estabas tú; buscándome. Ahí estaba yo; dejándome encontrar. Me han leído mis derechos y me perteneces esta resaca también. Llámame loca,  pero que bien te describe  toda ella. Mi locura digo. Que bien se portó el destino y que poco me engaña tu perfume. Conozco tu olor mejor que nadie, el tuyo, ese que no venden en ningún frasco pero que ojalá.  Tal vez sonrío por eso de que sabía que no quedaba mucho más, ni muchos menos  de lo otro. Sabía también, que no llegaría entre charcos secos, de todo lo que s...

La diferencia entre deber y querer. Ya sabes.

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Romper mil platos caminar luego, sobre ellos, sangrar todas las ganas  perdidas, posibles, y no encontrar como parar, a pesar de cualquier dolor. No sé yo si se llama  masoquismo o necesidad.  Sólo que aparece sin respiración, y con ese aire, con aquel aroma que tan bien conozco.  Digo. Que no puedo sentarme aquí a esperar como aquel día, en aquel invierno, con aquel sol despistado. Tampoco en este invierno de ahora, que está siendo más parecido, a las llamadas perdidas a la razón de supervivencia,  de quién se quema la mano, y vuelve a tocar el fuego con nostalgia.  Si me siento, me consumiré tan rápido como esas ganas de poderlo todo en un segundo, sin saber que el reloj no existe, pero que sigue corriendo más rápido que nunca. Como tú. Si el dolor se siente así, que así se sienta. Se siente. A mi lado, como mi barrera de realidad, y la tuya de que tal vez no deberías seguir aquí, pero es el mejor sitio, po...