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En nombre de la nada.

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Adoro los tiempos a medias  que no dan tiempo  a encontrar los eslabones perdidos en cada punto de tu espalda.  Entre relojes que perdieron el ritmo, en el avanzar de las horas, en las pesadas cargas del sin razón de culpabilidad que nos ganó al fin. De la pequeña fiera que rugía pidiendo un minuto perdido de atención, amenazando con salir,  y despojándonos por completo,  con sueños lejanos incluidos.  Con miradas perdidas, incluso. Con los baches a cada tres pasos y medio que no hacen perder el rumbo en este caminar sin sentido, que se hace demasiado largo para caminarlo descalza y sin equilibrio,  para caminarlo en la soledad de las ideas perdidas. De las que se van encontrando poco a poco.  De las que jamás llegarán a existir por el miedo de aquellos ojos demasiados verdes. Por el susurro de palabras mudas  que no significan nada. Pero que no te las diría, para que no te des cuenta de que estoy completamente loca p...

En respuesta a una simple y estúpida pregunta hecha por casualidad.

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No, quiero que me quieras  como yo te quiero y como quisiera dejarte de querer. Quiero sentir que puedo dejar de suspirar a media voz para continuar en silencio, gritando todo lo que debería callar. Quiero guardar la poca fuerza que me queda para luchar contra tu sonrisa y fingir que no me hace cada vez más débil. Necesito que vuelva mi voz, esa que se rompió en mil pequeños pedazos en el momento en que te dije que te quería, demasiado fuerte. Demasiado rápido. Demasiado en serio. Así, que no espero que llegues en el último momento para salvarme del naufragio de nuestros recuerdos a la deriva que ahora, no hace más que hundirse en cada lágrima derramada por el miedo a que no regreses una vez más, tampoco que lo hagas, sin embargo,  porque te lo pida con las pocas fuerzas que he guardado en este tiempo en el que te veía demasiado lejos. Quiero que me quieras como yo te quiero y como quisiera poder dejarte de querer. Te quiero a ti, amor. Con ...

Sin decir nada.

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No voy a decir palabras de disgusto. Ni de sustos. Ni de viejos recuerdos que quedan por recordar. No voy a gritar en silencio, ya sea el viento, ya sean las ganas de escuchar al mar. Perderme entre las olas, entre cada sueño soñado, cada sueño anclado, perdido, en el vacío de la palabra amar. Tal vez no deseado, si vivido, encontrado, y perdido, cómo no, una vez más. Entre palabras muertas y más muertas, desenterradas de toda aquella ingenuidad, ingenuas verdades a media, y a medida, que en cada salida, tan solo quería volver a entrar. Que entre despedida y despedida no habían ganas de marcharse, de esperar el nuevo día, tan solo de sentarse, y esperar. Esperar al que llegue ese motivo, por el cual sigue vivo, por el cual sé que no se va a marchar. Tal vez por no decir palabras de despedidas, por no permanecer dormida, y por luchar despierta hasta no aguantar más. Tan solo por esperar su llegada, desesperada y ansiada, pues fue una despedida, de no...

Sin cabeza.

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Hablo de los relojes que rompí por ti para no mirar los segundos que pasaban mientras no estaba a tu lado. El tic-tac es una condena sin barrotes de aislamiento más allá del conocimiento de que no estás para escucharlo conmigo. Así que sonríe un poco y cambiemos esas caras largas por la cara que se me queda  cada vez que pronuncias mi nombre. Entre el frío de una noche de invierno. Entre el calor de tu abrazo mientras yo no podría parar de tiritar. Pues al parecer, aquí se perdona todo menos dejar la copa por la mitad. Así. por una vez,  seamos esos dos valientes que olvidaron lo cobardes que son. Por una vez. Lo juro. Solo una. Y es que me perdí mil veces  solo por la esperanza de que pudieras encontrarme para perderte conmigo. Sin relojes. Sin tiempo. Sin testigos. Sin ropa. Con amor. 

Que si te joden, que sea bien, con sexo incluido.

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En el caminar de los sueños perdidos, nacen mil historias en cada paso de más, y en cada paso y medio de menos.  La esperanza que es lo último que se pierde lleva tanto tiempo perdida, que algunos ingenuos olvidan que después de jugar un rato al escondite como cual niño pequeño aburrido, esta volverá a hacer acto de presencia y nos hará creer contra toda lógica y experiencia, que en un final más allá de un principio hay otro motivo más por el que soñar.  Tan simple y deseado como el mayor dulce de todos. Para picarnos todas las muelas. Para que se nos piquen todos los sentimientos. Así continuamos en este juego macabro y tal vez masoquista que comenzamos tras cada lágrima de rabia y tal vez frustración que acaba convertida al llegar a la barbilla en una simple gota salada de impotencia.  Cuántas más llegarán de esas. Cuántas dejarán de llagar cuando aprendamos a ser fuertes y nos demos cuenta de que no debemos esperar nada de la nada. De nadie. Tal vez, tampoco de ...

Hagamos una pausa.

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Esto es más de lo mismo.  Chica quiere a chico. Y lucha. Lucha durante muchísimo tiempo para poder estar con él, para conseguir al menos una mirada, seguida de de una sonrisa, seguida de un beso.  Una historia, formar parte del todo que no entiende de nada y que a la vez es lo único especial capaz de entender. Hablo de las esperanzas que se van acumulando contra toda ciencia y experiencia sin ser correspondida mínimamente.  Si, a esa putada me refiero.  Ese es el momento en que ella lucha y hace las mayores estupideces para conseguir una atención que difícilmente sera correspondida. Pero lo intenta. Hasta que se cansa. Supera. Y olvida. Chico quiere a chica. Y lucha. Se da cuenta de que fue un estúpido en su momento por rechazarla y que realmente está interesado en ella.  Tal vez, el ''paso de ti para que te enamores de mi'' no funcionó, así que cambia de táctica con una sonrisa bonita y todas sus armas para conseguir a esa chica que hace que se vuelva ton...

Sonrisas pequeñas.

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He perdido el pulso en cada lucha contigo. He perdido la locura, con cada sonrisa procedente de ti.                                                                                       Lidia Guzmán.

Una de esas noches y no por París. Aunque digamos que si.

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Voy a poner en pie de guerra el sentimiento más profundo que tal vez haya sentido jamás. Entre las siluetas perdida de la gente, entre las sombras encontradas de nosotros mismos.  Entre humo y luces negras como en el final de nuestra propia película de terror protagonizada por el único suspiro de fuerza que somos capaces de ofrecer.  Y es gracioso, porque en cada suspiro tengo más ganas de coger la botella y olvidarme de tu nombre. Beber a la cuenta de tres y parar cuando ya no sepa contar.  Tal vez por lo que no lo haga es por algún estúpido motivo de buenos modales y algo que lleva la palabra perjudicial grabado a fuego, y el no querer asesinar mis neuronas en este licor suave confundido con el veneno de la gloria. Aunque veo más posibilidades al hecho de que cada vez que bebo solo quiero hablar contigo y saber de ti. Curioso. Justo igual que cuando no lo hago. Llevo tanto tiempo engañándome a mi misma, que no sería capaz de ver la realidad ni aunque estuviera tatua...