Esto es lo que pasa cuando pones el aleatorio.
En un mundo de cínicos donde no existen los corazones rotos, sigue siendo verano y dormir acompañado sólo es sinónimo de pasar calor.
Se me da demasiado bien sentirme cómoda estando sola, y siempre he sido de arreglar yo misma mis pequeños desastres aunque lleven escrita tu culpa.
Nos acostumbramos al pasar sin mirar y de puntillas sobre todos aquellos errores que después nos harían sacar lo peor de nosotros mismos. Yo, que siempre he sido de escribirte muy bajito en lugar de mirarte a la cara, comencé a dejar de perseguir tus errores para así justificar la forma en la que me siento cada vez que te veo pasar por ahí. Tú, que siempre tratas de arreglar las mentiras con la carta de que te quiero y no lo digo, sólo te sientas a esperar a que yo dé un paso al frente para firmar mi propia carta de renuncia del único lugar al que he pertenecido alguna vez.
Dejamos que el orgullo pasara por nosotros con todo el ruido que hace mi culpa cada vez que me señalas y sé que sigues pensando que fue una decisión mía. No impedirme que me fuera también fue echarme. O invitarme a que me vaya, llámalo como quieras, pero al final las noches siguen siendo las mismas... Supongo que comenzaba como todo, siendo un motivo disfrazado de escusa.
Me pasé 3 días mirando la pantalla del móvil. La cuarta noche lo apagué para poder dormir y a partir de ahí solo lo encendía para escuchar música, y esa se convirtió en la única forma que se me ocurría para no salir corriendo cada vez que alguien me miraba a los ojos. Nunca he soportado que alguien me mire fijamente y creo que no sabes que ese es un punto débil que cada vez me hace más fuerte.
No he sido capaz de pronunciar palabra, aún años después.
Ni en mi defensa, ni a tu favor.
Nada.
Y supongo que al final es lo único que nos queda.
Nada.
Nada.
Nada.
Y ojalá fuera todo.
Se me da demasiado bien sentirme cómoda estando sola, y siempre he sido de arreglar yo misma mis pequeños desastres aunque lleven escrita tu culpa.
Nos acostumbramos al pasar sin mirar y de puntillas sobre todos aquellos errores que después nos harían sacar lo peor de nosotros mismos. Yo, que siempre he sido de escribirte muy bajito en lugar de mirarte a la cara, comencé a dejar de perseguir tus errores para así justificar la forma en la que me siento cada vez que te veo pasar por ahí. Tú, que siempre tratas de arreglar las mentiras con la carta de que te quiero y no lo digo, sólo te sientas a esperar a que yo dé un paso al frente para firmar mi propia carta de renuncia del único lugar al que he pertenecido alguna vez.
Dejamos que el orgullo pasara por nosotros con todo el ruido que hace mi culpa cada vez que me señalas y sé que sigues pensando que fue una decisión mía. No impedirme que me fuera también fue echarme. O invitarme a que me vaya, llámalo como quieras, pero al final las noches siguen siendo las mismas... Supongo que comenzaba como todo, siendo un motivo disfrazado de escusa.
Me pasé 3 días mirando la pantalla del móvil. La cuarta noche lo apagué para poder dormir y a partir de ahí solo lo encendía para escuchar música, y esa se convirtió en la única forma que se me ocurría para no salir corriendo cada vez que alguien me miraba a los ojos. Nunca he soportado que alguien me mire fijamente y creo que no sabes que ese es un punto débil que cada vez me hace más fuerte.
No he sido capaz de pronunciar palabra, aún años después.
Ni en mi defensa, ni a tu favor.
Nada.
Y supongo que al final es lo único que nos queda.
Nada.
Nada.
Nada.
Y ojalá fuera todo.

Comentarios
Publicar un comentario