Hay silencios que hablan por sí solos.
Comencé a escribirte
y descubrí
que ya no me queda nada más por decir.
Éste es tu final,
y éste es mi principio.
Bienvenida sea esa libertad en la que tú ya no me envuelves,
y en la que mis últimos suspiros dirigidos a cualquier lugar de la nada
ya no se parecen lo más mínimo a ti.
Sentí que no me quedaba nada más por hacer
salvo escribirte,
salvo salvarte.
Y creí,
que estaba haciendo lo mejor,
cuando cerré bajo llave todos los remordimientos
para luego dejarlos salir de golpe
e intentar que no pudieran con todo otra vez.
Después de todo eso no sé bien que pasó.
Sólo estaba yo sentada bajo todas esas mentiras,
y tú querías arreglar las vidas de los demás
dejándote ver por las noches como si por el día no existieras,
y como si en los atardeceres
el sol se marchaba porque no sabía nada de ti.
No sé bien en qué momento dejó de importarme todo eso,
pero me convertí en lo que tú jamás creíste que llegaría a ser:
libre.
De pronto todas las cajas de recuerdos quedaban vacías,
y las voces que contaban a lo que te dedicas ahora
simplemente quedaron en silencio.
Pasé por todos los columpios
esperando no encontrarte por allí,
y cuando decidiste que ese último bar
no iba a ser el último,
yo por primera vez ya no me quería quedar más.
No me queda nada más que decir,
y desconozco por completo todo lo que una vez dije.
Ahora espero mis precipicios con forma de sueños
en los que tú no te vas a cumplir,
y en los que yo ya no te deseo más.
Esperar ya no significa esperarte,
y mis últimas palabras son fieles a las despedidas.
Solo espero no tener nada más que decir
y por favor no volver a escribirte jamás.
ya no se parecen lo más mínimo a ti.
Sentí que no me quedaba nada más por hacer
salvo escribirte,
salvo salvarte.
Y creí,
que estaba haciendo lo mejor,
cuando cerré bajo llave todos los remordimientos
para luego dejarlos salir de golpe
e intentar que no pudieran con todo otra vez.
Después de todo eso no sé bien que pasó.
Sólo estaba yo sentada bajo todas esas mentiras,
y tú querías arreglar las vidas de los demás
dejándote ver por las noches como si por el día no existieras,
y como si en los atardeceres
el sol se marchaba porque no sabía nada de ti.
No sé bien en qué momento dejó de importarme todo eso,
pero me convertí en lo que tú jamás creíste que llegaría a ser:
libre.
De pronto todas las cajas de recuerdos quedaban vacías,
y las voces que contaban a lo que te dedicas ahora
simplemente quedaron en silencio.
Pasé por todos los columpios
esperando no encontrarte por allí,
y cuando decidiste que ese último bar
no iba a ser el último,
yo por primera vez ya no me quería quedar más.
No me queda nada más que decir,
y desconozco por completo todo lo que una vez dije.
Ahora espero mis precipicios con forma de sueños
en los que tú no te vas a cumplir,
y en los que yo ya no te deseo más.
Esperar ya no significa esperarte,
y mis últimas palabras son fieles a las despedidas.
Solo espero no tener nada más que decir
y por favor no volver a escribirte jamás.

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