Que triste se ve diciembre sin ti.

Hace como tres días que se dañó la luz de la cocina.
Solamente parpadea
enciende, se apaga, se enciende y se apaga
y no puedo evitar pensar que se parece un poco a mi.

Llevamos desde entonces queriendo cambiarla 
pero sin hacer nada al respecto
como yo con mi vida
como yo con tus cicatrices
como yo
en cada uno de tus precipicios. 

Y resultó que lo último que pensaba que podía resultar
fue lo primero que terminó resultando
y hablando de resultados
que mal quedamos al final.

Hace tres días que cada vez que quiero prepararme una tortilla
tengo que encender la luz de la sala
y tratar que eso me refleje aunque sea un poco
aunque sea muy muy poco.
Pero con eso me sirve, 
ya que menos que eso he tenido desde el día en que te fuiste 
y te llevaste todas tus cosas 
y me dejaste aquí con todos tus recuerdos.

Tengo un tablón que a pesar de lo lleno que está
lo miro y lo siento vacío.
Lo miraba más cuando te tenía más cerca,
y ahora lo miro menos
y no porque te hayas ido 
sino porque no puedo dejar de mirarte a ti,
de mirar como te vas
de mirar como das un paso tras otro 
en la dirección contraria 
en la que yo te estoy esperando.
De mirar como tú no me miras
y como yo en cambio no puedo dejarte de mirar.

Improvisar nunca se me ha dado demasiado bien, 
y puede ser que sea la primera vez que lo hago,
no sé por qué,
no sé por quién,
no sé por cuanto, 
solo sé que lo hago.

Resultó que me quedé aquí sentada
esperando eso que no va a volver
no porque intuya de alguna forma que así sea,
sino porque me lo has dicho tan alto y tantas veces
que hay que ser idiota
o una soñadora como yo
para seguir esperando lo contrario.
Pero lo espero, 
porque ya lo he dicho,
que yo soy una soñadora
y un poco idiota,
a veces,
ya que estamos.

Creo que nunca calculaste 
lo complicado que sería salir con alguien que escribe,
con alguien que después de ti seguirá en ti
aunque sea en forma de palabras.

Con alguien que aunque no te diga si te escribe,
que aunque no escuches si puedas leer.
Nunca calculaste que aunque no hable contigo hablaré de ti.
Y aunque no hable de ti escribiré sobre ello
y perdóname que te diga, pero es casi lo mismo. 

Tal vez a estas alturas no entiendas 
o yo no entienda
o nadie entienda
como es que hemos llegado hasta aquí.
Te lo diré de una forma muy sencilla:
Tropezando.

Tropezamos tantas veces y en tantos escalones
en tantas miradas y formas, 
de tantas maneras,
que llegamos al punto de no saber como caminar con normalidad,
ya sabes,
sin tocar el suelo.
Llegamos al punto de decir;
''Mira, 
yo te quiero pero necesito volver a caminar,
necesito volver a volar 
y contigo solamente beso el suelo.''
Entiendo que eso para ti sea motivo suficiente
para decir adiós 
y no volver más.
Ahora te diré algo que probablemente no sabes,
o quizás si,
pero prefiero besar el suelo
todos y cada uno de los días de mi vida,
a volar,
si no te tengo a mi lado. 






Comentarios