Me he cortado el pelo y creo que eso significa algo.
Soy de esas personas
a las que les gusta escribir ''sólo'' con tilde,
y si, sé que hace referencia al ''sólo'' de solamente,
aunque yo siempre he sido más del ''solo'' de soledad.
No sé si lo sabes,
pero La Laguna es preciosa cuando llueve.
En nada será de nuevo invierno,
será tiempo de chocolate caliente y bufandas,
paraguas y frío,
y joder, que ganas tengo de que llegue ya.
No podría escribirte más,
creo,
aunque quisiera.
No podría hacer ojos sordos
si supiera que lees estas palabras,
y trataría de inmiscuirme en tu mundo,
que tanto me duele,
tantas veces.
Decidí dejar de luchar
y no por falta de sentimientos,
siempre he odiado al que dice
que quien te quiere te busca,
sin saber,
o imaginar,
que quien te quiere de verdad
a veces
solo
puede
desaparecer.
Me gusta caer en el olvido,
es una buena forma de caer,
es una buena forma de marcharse para siempre.
Soy de las que no vuelven
porque aprendo a estar mejor lejos.
He tenido una mañana de café y frío,
y sé de buena tinta
que no hay mejor combinación que esa.
Me he dejado el abrigo en casa
y a su defecto
he necesitado un buen abrazo,
pero como siempre
y ya lo tengo como una buena costumbre,
no de cualquier persona.
En serio, que no creo que sepáis
que es lo que ronda y rueda por mi cabeza
más tiempo que de vez en cuando.
Yo no lo sé tampoco,
o no me atrevería a decirlo en voz alta
por miedo a escuchar
lo que duele oír.
Sigo siendo de palomitas y manta,
y uñas rojas sobre todas las cosas,
metro cincuenta y siete de poesía,
y solo a veces,
metro cincuenta y siete de echarte muchísimo de menos,
y eso es poco,
así que no me creas.
Siempre fui de gritar sentimientos
y no sé por qué
ahora sólo sé callarlos
todos,
ahogarme en ellos,
guardarlos bajo llave,
como quien tiene un tesoro,
o como quien tiene miedo,
y no sé cual de los dos es peor.
Sigo sentada donde siempre
por miedo a no saber volver luego,
por miedo a no poder llegar,
además de que estoy bastante cómoda aquí.
He adquirido la mala costumbre de escribir cuando no sé que hacer,
y digo mala,
porque ya no sé a quién le escribo
y tampoco el por qué.
No sé,
tengo la sensación de que tal vez
escribo todo esto y no sé lo que quiero decir,
y sé que no cambia nada,
aunque todo cambie todo el tiempo.
Me siento como el que no sabe que espera
y no sabe por qué,
pero siento que se me hace tarde
y eso que no me están esperando en ningún sitio.
Tengo que pagar mis deudas...
Tengo
que retener
mis monstruos....
Sigo con un par de cuentas pendientes encima,
pero ya sabes lo que pasa cuando pretendes retener tal cantidad de sentimientos dentro;
que salen cuando menos lo esperas,
y todo vuelve a comenzar otra vez.
a las que les gusta escribir ''sólo'' con tilde,
y si, sé que hace referencia al ''sólo'' de solamente,
aunque yo siempre he sido más del ''solo'' de soledad.
No sé si lo sabes,
pero La Laguna es preciosa cuando llueve.
En nada será de nuevo invierno,
será tiempo de chocolate caliente y bufandas,
paraguas y frío,
y joder, que ganas tengo de que llegue ya.
No podría escribirte más,
creo,
aunque quisiera.
No podría hacer ojos sordos
si supiera que lees estas palabras,
y trataría de inmiscuirme en tu mundo,
que tanto me duele,
tantas veces.
Decidí dejar de luchar
y no por falta de sentimientos,
siempre he odiado al que dice
que quien te quiere te busca,
sin saber,
o imaginar,
que quien te quiere de verdad
a veces
solo
puede
desaparecer.
Me gusta caer en el olvido,
es una buena forma de caer,
es una buena forma de marcharse para siempre.
Soy de las que no vuelven
porque aprendo a estar mejor lejos.
He tenido una mañana de café y frío,
y sé de buena tinta
que no hay mejor combinación que esa.
Me he dejado el abrigo en casa
y a su defecto
he necesitado un buen abrazo,
pero como siempre
y ya lo tengo como una buena costumbre,
no de cualquier persona.
En serio, que no creo que sepáis
que es lo que ronda y rueda por mi cabeza
más tiempo que de vez en cuando.
Yo no lo sé tampoco,
o no me atrevería a decirlo en voz alta
por miedo a escuchar
lo que duele oír.
Sigo siendo de palomitas y manta,
y uñas rojas sobre todas las cosas,
metro cincuenta y siete de poesía,
y solo a veces,
metro cincuenta y siete de echarte muchísimo de menos,
y eso es poco,
así que no me creas.
Siempre fui de gritar sentimientos
y no sé por qué
ahora sólo sé callarlos
todos,
ahogarme en ellos,
guardarlos bajo llave,
como quien tiene un tesoro,
o como quien tiene miedo,
y no sé cual de los dos es peor.
Sigo sentada donde siempre
por miedo a no saber volver luego,
por miedo a no poder llegar,
además de que estoy bastante cómoda aquí.
He adquirido la mala costumbre de escribir cuando no sé que hacer,
y digo mala,
porque ya no sé a quién le escribo
y tampoco el por qué.
No sé,
tengo la sensación de que tal vez
escribo todo esto y no sé lo que quiero decir,
y sé que no cambia nada,
aunque todo cambie todo el tiempo.
Me siento como el que no sabe que espera
y no sabe por qué,
pero siento que se me hace tarde
y eso que no me están esperando en ningún sitio.
Tengo que pagar mis deudas...
Tengo
que retener
mis monstruos....
Sigo con un par de cuentas pendientes encima,
pero ya sabes lo que pasa cuando pretendes retener tal cantidad de sentimientos dentro;
que salen cuando menos lo esperas,
y todo vuelve a comenzar otra vez.

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