Entiendo que no me entiendas, porque ni yo entiendo lo que debería de entender.

Ahora es cuando recuerdo el por qué me refugiaba continuamente en la poesía.
Por qué un par de versos 
a ratos y a rotos
eran mi lugar favorito del mundo
donde podía perderme
cada vez que necesitaba encontrarme.

El por qué de un par de versos
y de vasos de más
cuando no habían besos
ni abrazos
ni todo aquello que sabía que en el fondo
colorearían todo aquello que quedó sin color
derrumbando castillos y anhelos 
sueños
y algún que otro 
misterio que por un interrogante de más
y no de menos
quedó sin descubrir.

Me siento, a veces,
tan vacía, 
que llenaría tantos sueños a bostezo
y destrozos,
que no sabría ni si quiera por donde debería comenzar.
Tengo tantos puños bañados en sangre
y en ganas perdidas 
escapadas por la ventana aún cerrada
que no sería capaz de reunirlos a todos ni queriendo
ni poniendo todas las cartas sobre la mesa
boca arriba,
o boca a boca.

Y es que verás,
un día descubres que tenías tanto 
que era imposible seguir manteniéndolo durante mucho tiempo más,
que los intentos quedaron en eso,
en intentos.
Que las veces en las que lloré tan fuerte 
que llovió hasta ahogarnos
se quedaron reñidas par a par
por las ganas de quedarme aquí un rato más
aunque fuera a pedazos y no en esa pequeña claridad que parecía haber
cuando por fin levantaba la cabeza
y eras tú el que hablaba y no todos estos estados de ánimo completamente desordenados.

Me refugiaba en la poesía,
como si de una cueva se tratara,
un refugio entre las llamas en el día más frío,
y los metros bajo cero para poder volar un poco más arriba.

Queda la rabia de quien habla y no sabe 
quien sigue y sigue y sigue
joder, 
para un poco 
que me estoy mareando y no tengo ganas de seguir en el mismo lugar de siempre
escuchando siempre lo mismo
pero a una velocidad diferente.
Mucho más rápido que cuando fuimos atropellados
por todo eso que no llegamos a decir 
porque eramos demasiado cobardes
y todas las gavetas siguieron vacías demasiado tiempo.

Me refugiaba en ella, 
porque ella me entendía como yo no podía hacerlo,
porque sabía que palpitaba por todo eso que decía,
y por lo que no decía.
Ahora, 
que ya no te tengo para refugiarme,
he vuelto al mismo punto
solo que esta ve más rápido
y más consciente.

Y aquí estoy, 
escuchando todo esos vídeos 
de fondo
con una banda sonora que va a mil por hora en mi mente
cuando yo solo recorro los mismos lugares de antes
con la misma tristeza de siempre.

Me salvaba del mundo de tantas formas,
que mi salvavidas se convirtió en mi fortuna,
en mi día a día para seguir adelante
o no seguir,
pero escribiendo,
o escuchando,
eso siempre, 
que la poesía nos salve del mundo,
o como dice Escandar,
que la poesía pague los destrozos. 





Comentarios

Entradas populares de este blog

''And I just wanna tell you I am.''

Stay.

Stay strong.