Hay veces en las que hay que irse, dicen por ahí.
Me perdí en tres caminos distintos
por la dirección de tu espalda.
En la posibilidad,
de que tal vez
este vagabundo
posee en sus huesos el frío
que tu silencio desprende,
en cada mirada dirigida al suelo,
buscando un lugar en el que refugiarse
ante cada signo de interrogación.
Me alejaré de ti,
entonces,
como el drogadicto
que se aleja de su heroína
esa que lo salva del lado oscuro,
y lo lleva volando
al único lugar del mundo
en el que puede estar seguro
de que sonreír
sólo sirve para volverte a enamorar.
''Haber caído en la droga,
sin embargo,
habría sido incluso mejor''
pensó de vez en cuando,
cuando de cuando en cuando,
ella miraba a otra esquina,
con mirada perdida,
y suspiros destinados a otros besos.
Y yo lo entendí bien en cuando me llegó a los huesos.
En cuando me robó el pedacito de alma
que aún quedaba siendo mía,
limpia de ti,
y te tu olor,
enloquecedor,
que me enloquece,
y volvió a ponerte como sueño a ti.
Me alejaré a pasos tan largos,
como mis ganas de no irme,
quedarme un poco más,
con la esperanza
de tal vez subir un poco más alto,
donde el frío queme,
y tus manos también.
No quería pero quiero,
y mírame aquí,
más rendida que nunca,
y no a tus pies.
Mírame y fíjate,
bien,
que no paro de decir
que me voy,
mientras me quedo,
y no me muevo,
ni a tiros.
por la dirección de tu espalda.
En la posibilidad,
de que tal vez
este vagabundo
posee en sus huesos el frío
que tu silencio desprende,
en cada mirada dirigida al suelo,
buscando un lugar en el que refugiarse
ante cada signo de interrogación.
Me alejaré de ti,
entonces,
como el drogadicto
que se aleja de su heroína
esa que lo salva del lado oscuro,
y lo lleva volando
al único lugar del mundo
en el que puede estar seguro
de que sonreír
sólo sirve para volverte a enamorar.
''Haber caído en la droga,
sin embargo,
habría sido incluso mejor''
pensó de vez en cuando,
cuando de cuando en cuando,
ella miraba a otra esquina,
con mirada perdida,
y suspiros destinados a otros besos.
Y yo lo entendí bien en cuando me llegó a los huesos.
En cuando me robó el pedacito de alma
que aún quedaba siendo mía,
limpia de ti,
y te tu olor,
enloquecedor,
que me enloquece,
y volvió a ponerte como sueño a ti.
Me alejaré a pasos tan largos,
como mis ganas de no irme,
quedarme un poco más,
con la esperanza
de tal vez subir un poco más alto,
donde el frío queme,
y tus manos también.
No quería pero quiero,
y mírame aquí,
más rendida que nunca,
y no a tus pies.
Mírame y fíjate,
bien,
que no paro de decir
que me voy,
mientras me quedo,
y no me muevo,
ni a tiros.

Comentarios
Publicar un comentario