Y así caemos entre nubes para rebotar en nuevos sueños.

Te paras y me preguntas por qué te quiero,
y yo, 
ignorando la gran lista de motivos por los que no debería de hacerlo,
sonrío, 
porque los motivos por los que si lo hago, 
siempre serán más. 

Me parece un masoquismo innecesario
estar sin ti
pudiendo estar contigo.
Y así pensar en cada motivo,
con sentido,
o sin el,
pero al final en favor de ti,
y de mi sonrisa.

Espera entonces a que recoja este pequeño desastre, 
entre pensamientos y palabras desordenadas
en el último cajón de abajo, 
junto a todo aquello que cuesta un poco más encontrar.
Ya sabes, tú.

Por eso mismo
te lo diré sin utilizar las palabras,
o utilizándolas, 
pero de un modo diferente, cariño.

Ya si eso hablaremos después de esos versos de buenas noches.
De los besos de buenos días.
Y de los polvos a cualquier hora.

Maldita poesía que me enamora en cada palabra. 
En cada silencio.

En cada mirada perdida 
me tienes, 
me dejas de tener,
y me vuelves a encontrar una vez más.

Pero esperamos por un amanecer
cuando a penas son las 12,
no nos queda tiempo 
y tan solo quedan ganas, 
aunque por suerte,
las ganas a veces son suficiente.

Tal vez no lo sea el amor,
tal vez,
tampoco lo sean las palabras,
así que deja que te lo demuestre mejor, ¿no?
con versos, 
pero sin decirlos, 
tampoco escribirlos,
tan solo creándolos sobre tu espalda,
perdidos en algún beso nuevo,
de esos que no terminan jamás.






Comentarios