Mi mundo tiene tu aroma, tu melodía favorita y mi vida de fondo.
No voy a seguir
el recorrido de mis lágrimas
por mi cara
que gritan tu nombre.
Esta montaña rusa emocional acabará conmigo,
tarde o temprano,
y por temprano
me refiero a jodidamente pronto.
E frío está a la vuelta de la esquina
y la dirección hacia el lugar donde te encuentras
se ha esfumado
con el último atisbo de esperanza que quedaba en esta habitación demasiado vacía.
Y sonríes como si la vida te fuera en ello.
Y queda todo demasiado forzado.
De dos a tres segundos de shock
cada vez que respiramos este aire
que contiene una tensión tal
que puede ser cortada con un cuchillo.
No se trata de cortesía esta vez,
llámalo necesidad.
No lo entiendas
y espera a que te lo explique yo.
Así que observa como las llamas hacen su trabajo
redicen a cenizas todo aquello que deja de doler.
El viento se lleva consigo el rastro de los restos que una vez nos pertenecieron
y que más tarde
quedaron consumidos a la nada.
Como nosotros.
Irónico.
De ironías no entiendo y entiendo que esto lo es.
Lo somos desde un principio
y lo sabíamos con los ojos vendados en la esperanza
de poder cambiar mínimamente
esa realidad que nos golpea de lleno en los sentimientos.
Confusos esta vez,
y claramente en nuestra contra.
Partida tras partida,
nos hemos quedado sin fichas,
sin juego,
y sin ganas.
Así que calla esa duda que asoma por alguna parte pidiendo la prórroga de este juego estúpido.
Estos perdedores agotados no esta dispuestos a jugársela una vez más.
Y no es por el miedo a perder.
Tal vez sea miedo a tener una vez más la esperanza de poder ganar.
Y es que hoy la esperanza mata más que el miedo a lo perdido.
Mientras que el miedo,
al fin y al cabo
es lo único que se consume entre estas llamas
que ahora es lo único que nos queda.
Por cosas así me prohíbo pensar en ti.
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