A mil kilómetros por hora.

Somos prisioneros de lo que callamos, de aquello que nos da miedo decir, de sentimientos confusos que desgarran por dentro mientras luchamos en cuerpo y alma para que permanezcan guardados un poco más.
Gritaría mil cosas al ver tu rostro día a día, lo juro. Pero callar me parece tan hermoso, el sonido del silencio, el sonido de todas las cosas que podría decirte y no digo, ese sonido inexistente que crea una falsa capa de protección. 
Me protejo a mi misma porque dejaste de protegerme, no me queda más remedio, que si fuera por mi dejaría que me protegieras tú. 
Créeme si te digo que no me siento tan segura porque no puedo refugiarme en tus brazos, si tus besos no me hacen sentir la persona más grande y pequeña del mundo al mismo tiempo, pues tu hogar ha dejado de ser mi hogar, y lo nuestro se ha reducido a un simple tuyo y y mío que no nos une para nada. 
Me he hecho fuerte hasta un punto que no conocía, sorpréndete, sigues siendo tu la causa de que cada día sea más capaz de seguir adelante. Que tal vez no hoy ni mañana, pero si algún día, me lo debes. Aunque si hablamos de deber mejor no decimos nada, que las promesas se rompen tan rápido como se esfuma un suspiro, tan rápido, que en un segundo ya no está, se ha ido, y no se ha cumplido. 
Sigue siendo hermoso cualquier cosa que te haga darte cuenta que yo sigo aquí, que no sé si te acordarás, pero yo te lo digo de vez en cuando, para evitar luego sorpresas. Pero tú sorpréndeme si quieres, que hace tiempo que esperaba que así fuera, sin más dejé de esperar lo que al segundo siguiente anhelaba de nuevo, y lo que más tarde descubriría que no dejaría de esperar nunca. 
Cierra la puerta.
Pero no del todo.
Mientras quede un milímetro quizá signifique algo, puede que poco, puede que mucho, ya es cuestión de que me lo expliques, que yo estas cosas no las entiendo bien. Sé que las cosas de palacio van despacio, así que me sentaré a esperar que la prisa se adueñe de nosotros. 
Piensa todo lo que callo cuando mi corazón es el que habla, como no digo palabra cuando por dentro no paro de gritar, como evito miradas y las cambio por medias vueltas y despedidas simbólicas que nadie más es capaz de entender.
Necesito dormir, pero te necesito a mi lado para ello, toma nota, y quédate con ese dato, que me muero de sueño, y tu estás demasiado lejos como para poder dormir conmigo. 


Comentarios