El maldito infierno se está quedando helado.

A veces siento que estoy rodeada de gente que no conozco, siendo una persona que no soy, en una vida que no es la mía y que estoy completamente sola.
Me pierdo sin la más mínima posibilidad de encontrarme, y sin entender como demonios he llegado hasta aquí.
Ver como las cosas cambian vertiginosamente es algo a lo que aún, a pesar de tanto tiempo, no me acostumbro. Cada respuesta trae mil preguntas más, hasta tal punto que siento como todo se convierte en una espiral sin final permanente.
Ya está. Poco más puedo explicar al respecto.
Me voy dos segundos y cuando regreso es todo diferente.
Me dan ganas de no regresar, de perderme y dejar de insistir.
Mierda, debería ser más fácil eso de desprenderse de  los sentimientos, o comenzar de cero al menos. Pero no se puede. Sea como sea siempre hay un maldito motivo que lo hace todo mucho más difícil, rozando lo imposible, quedándose en lo improbable. 
Y es así como queda todo, se supone. Con personas perdidas que poco a poco y a medida que pasa el tiempo incluso te vas olvidando de sus rostros hasta que al final ni siquiera el nombre es capaz de pasarse por tu mente.
Al final, a sonreír se a dicho, que el dolor del alma no pese más que los falsos sentimientos que le hacen creer al mundo que todo está jodidamente bien. Pero, ¿es así, no? ¿está todo bien?, no no, es algo que debo simplemente aparentar, pues si no tengo claro como son las cosas realmente, luego termino creyéndome mi propia mentira de supervivencia, pensando que todo va bien, hasta que de repente un día, me doy cuenta de todo, no puedo más, exploto, y volvemos otra vez a la misma espiral sin final permanente. 

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